5 oct 2010

3. Metodología

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN A LA METODOLOGÍA DE LA INVESTIGACIÓN DOCUMENTAL

DR. ARQ. ROBERTO GOYCOOLEA PRADO

Departamento de Arquitectura / Universidad de Alcalá

1. Elección del tema. 2. Individualización y definición del problema. 3. Esquema de la investigación. 4. Evaluación del esquema de investigación. 5. Agenda de la investigación. 6. Título. 7. Resumen o abstract 8. Introducción. 9. Desarrollo / partes o capítulos de la investigación. 10. Resultados y conclusiones. 11. Fuentes documentales. 12. Sistema de referencias documentales. 13. Perfil documental del tema. 14. Fichas de trabajo. 15. Archivo de la documentación. 16. Lectura de investigación. 17. Redacción final. 18. Bibliografía citada.

NOTA PREVIA

Los aspectos metodológicos aquí expuestos no son únicos ni excluyentes. Tampoco el orden de clasificación y exposición pretende ser universal. Su objetivo es presentar las actividades que se realizan en una investigación, de acuerdo a lo que ha sido mi experiencia personal y la de las personas que la han plasmado en libros o manuales de epistemología e investigación científica. Soy consciente de que existen muchos escritos sobre el tema (quizás demasiados y muchos mejores que éste) y no es mi intención sustituirlos ni polemizar con ellos, sino realizar una síntesis adecuada a los objetivos y al modo que se realiza la investigación en nuestras áreas de conocimiento.ROBERTO GOYCOOLEA PRADO / INTRODUCCIÓN A LA METODOLOGÍA DE INVESTIGACIÓN

1. ELECCIÓN DEL TEMA

El origen de cualquier investigación científica es un problema a solucionar. Cuando no se sabe qué se busca tampoco se sabe qué se encuentra ni tiene sentido acumular información. Los datos (hechos) recolectados sólo producen conocimientos nuevos si plantean nuevas explicaciones a problemas no resueltos o insuficientemente interpretados. Las hipótesis (las distintas respuestas dadas a problemas específicos) no son destruidas por los hechos sino reemplazadas por hipótesis que explican mejor los hechos.

La astronomía de Ptolomeo no fue destruida por un cambio planetario sino reemplazada por la teoría heliocéntrica de Copérnico que explicaba mejor el movimiento de los astros.

En síntesis, para poder investigar debemos: (a) tener un problema que resolver, (b) definirlo, (c) asegurarnos de que no se ha resuelto o que aspecto del mismo no lo están, (d) plantear una hipótesis de solución empíricamente contrastable, (e) definir los datos y métodos necesarios para comprobarla/contrastarla y (f) dar a conocer los resultados y conclusiones para su contrastación intersubjetiva.

Esto muestra la importancia que tiene en toda investigación la definición del problema y de la hipótesis a contrastar para resolverlo. Desgraciadamente no existen métodos que expliquen cómo encontrar temas/problemas de investigación adecuados y oportunos. Es más, según Karl Popper (1971) el modo en que se ha definido un problema y/o su hipótesis de solución no es significativa. Lo importante para la ciencia es su correcta definición; aunque para el investigador lograr definirlos correctamente es siempre un asunto capital.

Dejando a un lado los temas inducidos —trabajos académicos, encargos de estudios o proyectos, solicitudes de artículos o libros...— hay tres factores básicos para definirlos:

a. Conocer el área en que se está trabajando o se pretende trabajar. Sobre todo, conocer las carencias y puntos críticos de las distintas hipótesis (respuestas) manejadas. De ahí la dificultad que entraña adentrarse en campos desconocidos.

b. Imaginación para relacionar/ver los conceptos comunes del área de manera diferente. Esto es fundamental. Sin imaginación la investigación caerá en una repetición estéril que no aporta nada al conocimiento. Las buenas hipótesis científicas son producto de la imaginación creadora, son siempre más “artísticas” que burocráticas.

c. Estar con la mente abierta para captar problemas de investigación. Dado que surgen en los momentos más inesperados conviene tener algo a mano dónde registrarlos y luego concretarlos en fichas de posibles investigaciones. La memoria es frágil y muchas buenas ideas se pierden. Obviamente, no todos los temas anotados serán desarrollados, pero permiten definir áreas de interés y mantener alerta al investigador. Las fichas de posibles temas a investigar deben contener:

a. Definición general del problema, incluyendo un nombre orientativo. b. Contexto en que surgió. c. Delimitación del campo de estudio y enfoque bajo el cual se piensa abordar. d. Posibles métodos o técnicas a emplear para resolverlo. e. Referencias documentales y bibliográficas, sí las hay.

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2. INDIVIDUALIZACIÓN Y DEFINICIÓN DEL PROBLEMA

En los investigadores noveles el problema elegido suele referir a temas genéricos: percepción urbana, contaminación ambiental, feminismo, vivienda social... Aunque esto permite orientar la investigación, no basta para definirla. Para lograrlo se debe transformar el problema genérico en una pregunta susceptible de respuesta empírica. Este proceso es fundamental, por lo que hay que dedicarle mucha atención.

No hay métodos infalibles para formular correctamente los problemas a investigar. Pero se pueden dar algunas recomendaciones; considerando, eso sí, que no son pasos secuenciales sino aspectos a examinar (Calleja 1994:23 y Acosta 1991:22):

a. Defina los objetivos con precisión, acotándoles al contexto y alcance del estudio. Los objetivos son el marco para la toma de decisiones. A partir de ellos se decide cuáles son y cuál es “la forma de desarrollar las diversas etapas de la investigación así como la utilización o no de determinados procedimientos e instrumentos de

recolección y análisis de la información” (Calleja 1994:23). Las investigaciones suelen tener varios objetivos. Reconozca el principal de los

secundarios o colaterales. Para los posibles lectores, los objetivos es uno los puntos que más interesa conocer.

Por eso no hay que engañar ni engañarse. Sea cauto con los objetivos. No confunda los resultados deseados con los que objetivamente se pueden lograr.

b. Defina a quién puede servir o interesar la investigación. Con ello se determina desde el principio la profundidad del estudio, el modo de

abordar las preguntas planteadas y el tipo de exposición de los resultados.

c. Asegúrese que el problema a estudiar no es vago ni demasiado amplio en comprensión. Formule claramente los límites espaciales y temporales. Elimine todos los factores que no sean esenciales. Defina y exponga los aspectos que por algún motivo no se estudiarán.

d. Clarifique el problema formulando preguntas concretas que requieran respuestas específicas y posibles de responder empíricamente. El problema debe reducirse a términos (preguntas) operativos (concretos) que

permitan un desarrollo “empírico” de las subsecuentes etapas de la investigación. Si el problema es complejo, desglóselo, a través del análisis, en problemas

específicos y ordenarlos según su prioridad lógica o grado de dificultad.

e. Defina la “naturaleza” o “ámbito epistemológico” del problema y la respuesta esperada. Conocer la “naturaleza” del estudio sirve para determina las fuentes y métodos a

emplear para resolver el problema planteado. Debe hacerse desde el inicio porque permite delinear, dentro de términos filosóficos

correctos, la orientación de las conclusiones, fuentes y métodos a utilizar en la contrastación de las hipótesis.

f. Exprese el problema con términos precisos. Use las palabras con sentido técnico. Todo concepto presenta distintos grados de

ambigüedades extensionales y/o conceptuales que dificultan su correcta comprensión. Para evitarlo, conviene especificar el significado de los términos utilizados susceptibles de interpretaciones equívocas.

Salvo que no haya alternativa, no invente definiciones. En lo posible use definiciones dadas por obras dedicadas a ello ─enciclopedias, diccionarios, glosarios─ o, mejor, las dadas por autores reconocidos en la especialidad.

g. Defina adecuadamente el Estado de la cuestión o del arte del tema de estudio. Para saber si nuestra investigación es original o mera tautología es necesario compararla con lo realizado y con lo que se está haciendo en el campo estudiado. La

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i)

j)

resolver la hipótesis (respuesta) propuesta para resolver el problema planteado. A la vez, especifique el método o métodos necesarios para manejar la

documentación en el sentido esperado. Recuerde que en toda investigación suele ser necesario utilizar distintas fuentes y

métodos. Es imprescindible definirlas todas. También es conveniente indicar (a) la ubicación de las fuentes y evaluar las

condiciones requeridas para su consulta y (b) los instrumentos requeridos por los métodos que se pretende utilizar y evaluar las posibilidades que se tienen de contar con ellos. Única manera de poder evaluar en su inicio la factibilidad del estudio.

Alcances del estudio El valor de una investigación depende del tipo de documentación utilizada y de la

profundidad de sus conclusiones. Pero, al comienzo del estudio, sólo se puede saber si aportará algo comparando lo que se pretende hacer con lo ya realizado. Por ello conviene definir lo antes posible los objetivos, métodos y orientación de las conclusiones. Única manera de no crear, ni crearnos, falsas expectativas.

Para valorar un trabajo no se deben inferir relaciones de un ámbito del conocimiento a otro: vgr. la teoría general de la relatividad no implica el relativismo artístico.

Entre los aportes cuentan las posibles líneas de investigación derivadas del estudio; definen el trabajo futuro del investigador y contribuyen a valorar el alcance disciplinar del estudio.

Aunque las investigaciones no deben necesariamente desembocar en resultados “prácticos” inmediatos, conviene definir posibles aplicaciones. Sobretodo si se piensa pedir una beca o solicitar recursos.

Limitaciones del estudio Toda investigación está sometida a distintas restriccciones conceptuales y

metodológicas, a menudo razonables e independientes de la voluntad del investigador: laboratorios inadecuados, destrucción de documentos, falta de colaboradores y recursos, desconocimiento de idiomas, enfermedad...

Conocer a priori las carencias de la investigación permite (a) orientarla dentro de objetivos, métodos y tiempos plausibles de realizar y (b) que otro investigador, conociendo estas carencias, pueda subsanarlas.

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profundidad de este análisis dependerá del contexto y tipo de investigación, pero siempre cabe considerar tres aspectos:

Antecedentes del problema, con el fin de situarlo en su contexto histórico. Análisis de lo dicho y hecho respecto al problema a estudiar, con el fin de determinar qué se sabe del problema y, sobre todo, que falta por conocer. El

avance del conocimiento humano ha sido y es paulatino. Análisis de la situación del problema respecto a la disciplina y campos afines,

con el fin de conocer el ámbito epistemológico en que se desenvuelve. Esto es

fundamental cuando se abordan “problemas inéditos”. El análisis no debe limitarse a lo publicado. Conviene revisar también qué están

haciendo las instituciones que inciden en la investigación. Un buen Estado de la cuestión no es sólo un requisito para evitar repeticiones, sirve

para evitar frustraciones que surgen al comprobar que lo “descubierto” ya lo estaba.

h) Fuentes y métodos Defina las fuentes documentales (del tipo que sean) que estima necesarias para

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3. ESQUEMA DE LA INVESTIGACIÓN.

Tras definir los objetivos, naturaleza, métodos y demás aspectos señalados en el apartado anterior del problema a investigar, pasamos a concretar el Esquema de la investigación. Su objetivo es trazar las directrices del trabajo, sistematizar el pensamiento para poder concentrarse en puntos determinados y delimitar el orden de prioridades.

Estos Esquemas son ineludibles en cualquier investigación, de una nota periodística a una tesis doctoral. Que a veces, por la extensión o sencillez del tema, no sea necesario formularlos por escrito no significa que no estén siempre presente. Cuando comenzamos a investigar sin un guión de trabajo no lograremos avanzar en la búsqueda y tratamiento de la información y menos en la consecución de las conclusiones.

Otra característica: no hay un esquema válido a cualquier investigación. Cada problema define una estructura de contrastación particular; define sus propios datos, métodos y características de las conclusiones. Pese a ello, los esquemas tienen objetivos comunes (Acosta 1991:23-8):

a. Proporcionar una guía para el acopio de la información y redacción del manuscrito.

b. Establecer en forma gráfica y analítica el contenido y los límites del trabajo.

c. Concretar las ideas fundamentales para resolver el problema planteado en frases claves, que luego se desarrollarán en capítulos o apartados.

d. Evitar gastos innecesarios. Un esquema señala las divisiones del tema y el orden de ellas, ayuda a mantenerse en línea recta, sin perder el camino. Los desvíos y otras demoras consumen tiempo y crean dificultades al lector.

e. Dar unidad. El esquema permite ver todo el proyecto y las relaciones entre sus partes; esto es básico para lograr unidad y cohesión en la redacción definitiva.

f. Equilibrar el estudio. Mediante el esquema el autor ve más claramente la proporción que debe existir entre las partes del trabajo y evita la tendencia de muchos inexpertos en la investigación, de llevar el desarrollo de una sección más allá del punto de importancia que debe tener en la totalidad.

a. El esquema como instrumento de trabajo. El esquema no es el índice ni la estructura final del estudio. Es un guión de trabajo y así

debe plantearse y utilizarse.

En cuanto guión el esquema define qué hacer y cómo hacerlo. Sin embargo, las investigaciones dependen de tantas variables que es difícilmente no habrá alguna circunstancia que no obligue a modificar el esquema original. Esto es lo habitual y no hay que temer hacerlo. Los esquemas no son guiones inamovibles. Cada vez que nos introducimos más en un tema, se van perfeccionando conceptos que ayudan a resumir o ampliar el esquema preliminar. (Acosta 1991: 24).

En sentido estricto estas reorganizaciones dan origen a un nuevo esquema, que permite conocer el alcance de las modificaciones y consecuentemente tener claro qué queda por hacer y que documentos y procedimientos son necesario para hacerlo. Por eso es fundamental mantener los esquemas actualizados y utilizarlos.

Otra función nada desdeñable de los esquemas es que, mediante las anotaciones adecuadas, sirven para visualizar el trabajo realizado y el pendiente. Hoy en día los códigos de colores, los sistemas de notas y otras posibilidades de los procesadores de texto son instrumentos muy útiles en esta tarea.

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Para que los esquemas sean realmente instrumentos de trabajo deben cumplir con una serie de características, en gran medida, “de sentido común”:

a. Ser lógica y lingüísticamente coherentes.

b. Tener unidad sistemática y secuencial. “Todas las partes del esquema deben estar coordinadas entre sí y con una relación jerárquica bien definida: primero debe considerarse la parte fundamental y luego las subordinadas (...) Lo importante en un esquema es que empiece por lo que debería explicarse primero y se termine con lo que razonablemente debería ir al final” (Acosta 1991:28).

Recomendaciones: ir de lo general a lo particular empezar con las causas y terminar con los efectos iniciar por el período más antiguo hasta llegar al actual o viceversa comenzar con lo conocido hasta llegar a lo desconocido dividir la investigación de manera lógica y coherente. [Ver punto 9]

c. Por último, dar una visión panorámica de los puntos a tratar en la investigación y no una exposición de hechos; esto es parte del desarrollo de la investigación. Lo que supone que deben sintéticos: 2 ó 3 páginas como mucho.

b. Partes del Esquema.

Al depender de las características de la investigación y de lo investigado, el abanico de Esquemas es amplio. Pese a ello, Alcina (1994) considera que todos los esquemas –en realidad, toda investigación– debe contemplar, al menos, los siguientes ítems:

a. Título. b. Resumen o abstract c. Introducción d. Desarrollo o partes de la investigación e. Resultados y conclusión f. Bibliografía y/o fuentes documentales básicas.

En esencia estos son los ítems básicos de cualquier esquema de investigación. La diferencia es que en los primeros esquemas, en los guiones de trabajos, éstos sólo enuncian, sin desarrollarlos ni extenderse sobre ellos.

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4. EVALUACIÓN DEL ESQUEMA DE INVESTIGACIÓN

El objetivo de esta evaluación es conocer si es posible llegar a terminar adecuadamente la investigación, considerando los objetivos planteados y los plazos disponibles.

En la evaluación de las investigaciones se deben considerar dos aspectos diferentes:

a. Características internas del proyecto.

b. Recursos y posibilidades objetivas del investigador para realizar la investigación en los términos planteados.

Aunque ambos aspectos intervendrán en la definición y desarrollo de investigación, hasta el punto de influirse, conviene recordar que se trata de aspectos diferentes.

P. e., un proyecto bien planteado puede que no se realice por problemas circunstanciales, pero podrá realizarlo otro investigador con recursos suficientes.

a. Evaluación del proyecto

Para estar seguro de que la investigación está correctamente definida se debe revisar sí (Calleja, 1994:23-4):

a. Sus enunciados tienen una estructura lingüística coherente y si los conceptos se presentan siguiendo una subordinación lógica.

b. Sus enunciados no contienen juicios de valor o de otro tipo no susceptible de contrastación empírica (intersubjetiva).

c. Los objetivos, enfoques e hipótesis están planteadas en términos claros y precisos. “Las explicaciones generales de por sí no sirven nunca, o no sirven nunca de manera absoluta, para explicar el caso en que se está trabajando” (Alcina, 1994:12).

d. Los conceptos usados en la definición de los objetivos, enfoques e hipótesis cuentan están correctamente utilizados y no apelan a significados ambiguos ni no reconocidos por la disciplina.

e. El problema a resolver y el enfoque para resolverlo se refieren a un ámbito temporal y espacial específico y razonado.

f. Las hipótesis están formuladas en términos afirmativos.

b. Evaluación de los recursos.

Prospección objetiva de las posibilidades personales y del medio para desarrollar y concluir el estudio en los términos planteados. Entre los parámetros a evaluar destacan:

a. Capacidad intelectual. Valorar la formación personal y las fuerzas intelectuales (mentalización). Deje de lado todo extremo, ya sea de optimismo o pesimismo, es dañoso para una valoración acertada. “Lo que se requiere es una objetividad bien fundada” (Acosta, 1991:15).

b. Tiempo disponible. Valorar el tiempo disponible. Algo siempre importante, pero fundamental en trabajos con plazos establecidos. Realizar una agenda con una trayectoria crítica clara es, en este caso, de gran ayuda para saber si podremos realizar el estudio.

c. Recursos económicos. Un buen presupuesto es fundamental para comprobar las posibilidades de la investigación. Desde el inicio de la investigación hay que se

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e.

f.

Disponibilidad del instrumental. Comprobar si disponemos o podemos disponer de los medios necesarios para tratar los datos y documentos del modo planteado. Esto es importante en cualquier estudio pero fundamental en trabajos experimentales: disponemos de tal laboratorio, de los reactivos correspondientes, de los programas para tratar la información, de los medios para realizar y tratar una encuesta, etc.

Capacidad de edición y difusión de resultado. Ciertas investigaciones requieren de unas condiciones específicas de edición y difusión de los resultados; algo que también conviene evaluar desde el principio.

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exhaustivo. No tanto en los detalles pero sí en los ítems considerados: del precio de la documentación, instrumentos y procedimientos al material fungible y el derivado del uso de las instalaciones, sin olvidar el coste de posibles ayudantes y de la publicación final.

Al definir el monto de las distintas partidas, consigne los precios reales, sin incluir desde el principio posibles ahorros. Si existen, es preferible tenerlos como reservas para los tantos imprevistos que surgen en todas las investigaciones.

d. Disponibilidad del material documental. Comprobar si disponemos o podemos disponer del material requerido para la investigación. Para ello es imprescindible sabe dónde se encuentra la documentación y que requisitos son necesarios para poder manejarla según pretendemos.

g. Interés personal. Por último, aunque no es un parámetro fácilmente objetivable conviene recordar que es muy difícil llevar a buen fin un tema que no sea ‘interesante para el investigador. Cuidado con los intereses pasajeros surgidos de una lectura, conversación o circunstancia determinada. El tema debe interesar al investigador, al menos, durante el tiempo que dure el trabajo. Además del interés de conocimiento personal, es bueno valorar los intereses anexos, por ejemplo la posibilidad de una posible publicación y difusión futura de la investigación, incentivos económicos, reconocimiento social, etc.

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5. AGENDA DE LA INVESTIGACIÓN

Tras concretar el Esquema de la investigación –o sea tras definir el problema y los procedimientos para resolverlo según la hipótesis planteada– y realizada su Evaluación –o sea tras estar seguros que tenemos los documentos, medios y capacidades requeridos– se pasa a definir la Agenda de la investigación o “prontuario de las actividades que se deben cumplir con relaciones de tiempo; es el horario que el investigador se impone con el fin de presentar una investigación en un tiempo determinado.” (Calleja, 1991:32)

Muchas investigaciones, incluidas las académicas, tienen plazos de entrega inamovibles. Este no es un dato secundario. Al contrario, es algo que suele afectar tanto a la definición del tema como al modo de abordarlo.

P. e., si disponemos de dos años no podemos plantear un estudio experimental de autogeneración de semillas de árboles cuyo crecimiento supera ese tiempo.

Cada agenda es particular y depende de múltiples factores: capacidad de trabajo, disponibilidad de tiempo y fuentes, equipo de apoyo, economía... Pero independiente de las condiciones específicas de cada investigador, es fundamental ser siempre objetivo en la evaluación de los recursos.

No piense que lo que ahora es una dificultad se solventará con el tiempo.

No asuma que todo saldrá como lo ha pensado. Sobre todo, no sea demasiado optimista en la evaluación de los tiempos necesarios para realizar las tareas planificadas. Las cosas suelen tardar más de lo espado.

No deje en manos de terceros o de mecanismos que no controla la recopilación de la documentación o el desarrollo de aspectos básicos de la investigación.

Si la investigación tiene un tutor o un revisor prevea plazos temporales razonables a las revisiones. Cuando el trabajo requiera de una investigación planifique el trabajo que desarrollará mientras dura la revisión.

Recuerde que la maquetación y redacción final también lleva su (mucho) tiempo.

En las investigaciones largas es indispensable incluir en la agenda la trayectoria crítica. Es decir, definir lo prioritario de lo secundario para darle el valor adecuado dentro del organigrama de trabajo. Si esto no se cumple, difícilmente se podrá respetar la agenda.

a. Flexibilidad de la agenda.

Si se desea “que el trabajo sea más fructífero, no hay que aferrarse obstinadamente en dejar en forma acabada aquellas etapas de la investigación que por su naturaleza requieran seguir afinando durante el proceso de investigación” (Calleja, 1994:10).

La exigencia de planificación no implica aferrarse a normas rígidas. “La flexibilidad debe ser la característica principal de la planificación de la investigación, de tal forma que las estrategias previstas no debiliten la creatividad y la imaginación crítica del investigador. La investigación no debe estar en función de normas sino en función de su objetivo: buscar la explicación para el problema investigado” (Calleja, 1994:52).

Esta flexibilidad no significa que la agenda no sea importante. Al contrario, es válida para cualquier investigación. Pero para que sea efectiva, la agenda debe estar siempre actualizada. Es decir, debe recogerse el avance del estudio y los cambios en la planificación que suponen las modificaciones. Esta permite saber, en cada momento, cuál y cuánto es el trabajo que falta y si es posible cumplirlo dentro de los plazos fijados. No hay que olvidar que si no se cumplen los plazos todo el trabajo realizado puede ser inútil.

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6. TÍTULO

El título es un elemento cardinal de toda investigación. Un título incorrecto suele induce a errores, obligando a los lectores a dedicar tiempo a cosas que no le interesa y por tanto a dudar de la seriedad del estudio. Y si esto ocurre, hemos perdido un posible interlocutor.

No es necesario que los títulos se definan desde el primer momento. A menudo surgen o se van especificando durante la investigación.

No hay fórmulas para titular correctamente. Nuestra experiencia como lectores críticos y el análisis de los que consideramos “buenos títulos”, es aquí de gran ayuda.

Alcina (1994) recomienda no hacer títulos largos (muchas revistas los están limitando hoy a 15 palabras), barrocos ni confusos.

Calleja (1994: 28) considera que por sobre todo debe ser al mismo tiempo, breve, expresivo e impactante, recomendando diversas estrategias para titular:

a. Por síntesis: cuando resume la idea central de la investigación. BERNALES: El urbanismo sevillano de los siglos XVI y XVII y su proyección en

Indias.

b. Por asociación: cuando se relaciona a otra idea que explique metafóricamente el tema de estudio. FONTANA: Europa ante el espejo.

c. Por antítesis: cuando se presenta todo lo contrario de los que se va a tratar. HUXLEY: Un mundo feliz.

d. Sistema mixto: combinar un título impactante o metafórico con un subtítulo que especifique el contenido. SUBIRATS: La rosa y el cristal. Escritos sobre arte y arquitectura modernos.

e. En todo caso, en el ámbito científico el título debe ser cumplir con el requisito de ser confiable: la investigación debe tratar lo que anuncia en el título. TERÁN: Desarrollo de la fisonomía urbana del centro histórico de la ciudad de

Puebla (1531-1994).

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7. RESUMEN O ABSTRACT (UEV 2006) Aunque se trata de palabras con sentido equivalente, en la investigación científica tienden

diferenciarse:

a. Por resumen se entiende una síntesis más o menos extensa, un par de página, que permite hacerse una idea bastante aproximada de la investigación. Se suelen pedir (o es conveniente hacerlos) en investigaciones extensas y complejas como tesis doctorales o similares.

b. En cambio, con el término inglés abstract se define una síntesis breve y comprensiva de un trabajo de investigación. En síntesis, el abstract es el instrumento que tenemos para lograr atrapar al lector o, si se prefiere, tenemos que lograr “venderle” nuestra investigación. De ahí que sea muy importante cuidar su contenido y redacción.

Los abstracts son hoy una exigencia prácticamente ineludible en la investigación científica. El aumento de la información disponible y la generalización de la Internet, con su exigencia de concreción, los ha convertido en instrumentos básicos de la difusión científica. Por un lado, sirven para discriminar rápidamente si nos interesa una investigación, algo fundamental ante el aumento de la información disponible. Por otro, son cada vez más habituales las bases de datos que contienen además de las referencias bibliográficas, abstracts de los artículos escritos, de manera cada vez más habitual, en inglés.

a. Contenido

Independiente del formato del abstract, éste debe sintetizar “completamente” lo resumido (informe, artículo, libro...), dando al lector una visión general de los tópicos que se desarrollan en detalle en el artículo.

a. Sintetizar el problema investigado y los objetivos específicos del estudio. Su extensión es variable, aunque las revistas acostumbran pedir hoy un máximo de 150 a 200 palabras.

b. Sintetizar la oportunidad del estudio e interés que puede tener para el lector. Esto requiere saber a quién va dirigido el estudio y el contexto en qué se realiza.

c. Sintetizar el enfoque, datos y métodos empleados para resolver el problema planteado.

d. Sintetizar las conclusiones obtenidas, centrándose en explicar cómo los resultados obtenidos resuelven (o no) el problema planteado.

b. Recomendaciones para su redacción

a. En el primer borrador prestar atención a las palabras claves, estadísticas y datos importantes que usted necesita incluir.

b. No se deben incluir frases generales o vagas como “Este abstract sintetiza...” c. Omita o condense bastante los ejemplos, tablas y similares. d. El abstract en sí, debe ser un “miniensayo”

e. Lea el abstract atentamente y hágalo leer por personas idóneas. Cuando estamos inmersos en una investigación damos por sentado muchos aspectos que un lector externo entiende como carencias u omisiones.

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8. INTRODUCCIÓN

La introducción tiene como objetivo explicar a alguien que no conoce la investigación todos aquellos aspectos internos (respecto a estudio en sí) y externos (respecto al contexto y circunstancias que se en que se ha desarrollado) necesarios para entenderla.

A partir de la Introducción el lector debería tener la información suficiente como para decidir objetivamente si le interesa o no. Por ello, decidir qué se explica y qué se omite en la introducción, dependerá en gran medida de las particularidades de la investigación, por ejemplo, sí se trata de un artículo de divulgación o de una tesis de doctorado.

El orden y extensión de la Introducción no son fijos. En ocasiones se limita a unos cuantos párrafos, en otras puede comprender varias partes:

P. e., una dedicada a presentar el marco teórico y conceptual o el estado de la cuestión; otra para referirse al «ambiente» o «medio», ya sea geográfico, social o de otro carácter; otro para describir las técnicas, e incluso los aparatos utilizados en un tipo de análisis, sobre todo cuando aquéllas o éstos representan una innovación, etc.

Pero independiente del formato, las explicaciones deben ser claras y sintéticas, obviando todas las referencias que no contribuyan a la comprensión del trabajo realizado.

Nuevamente cabe comentar que no existe un modo único para explicar correctamente las características de una investigación realizada o por realizar; aunque, en líneas generales, debe contener las siguientes partes:

a. Antecedentes o conjunto de circunstancias que permiten comprender la investigación realizada: originen, motivación, condicionantes, etc. [Ver punto 2.a-b-h]

El contenido y extensión de los antecedentes depende de la naturaleza del estudio y de los destinatarios. A veces bastará con una breve reseña (p. e., si el trabajo forma parte de otro mayor), en otras será necesario extenderse incluso en cuestiones personales (p. e., en las motivaciones de una tesis doctoral). Entre los puntos que suelen contener los Antecedentes destacan:

Características, contexto y condiciones generales en que se desarrolla la investigación. Explicar si es una investigación académica o subvencionada, si forma parte de una línea de investigación, etc.

Finalidad de la investigación. Esto sólo se incluye cuando el fin del trabajo no es obvio o difiere en algo de lo que el se espera, como una tesis doctoral que desemboque en una patente.

Motivaciones personales. En algunas investigaciones puede ser oportuno exponer el interés personal del autor por el tema, sobre todo en las de índole académicas o cuando ello explica alguna orientación particular del estudio: p. e., estudio a tal autor u obra porque tuve una relación personal y única, etc.

b. Tema y objetivos. Todo tema o problema de investigación bien planteado se resume en una “pregunta” que requiere una solución. Lo que hace científica la respuesta es que el autor propone alguna posible solución (hipótesis) cuya “validez” comprueba (contrasta) con datos y procedimientos empíricamente contrastables. Y como ninguna respuesta es unívoca (no abarca todas las posibles soluciones de la pregunta planteada) debemos plantear objetivos concretos a nuestro estudio.

Al definir y exponer los objetivos (a) hay que ser parco y realista en su alcance y (b) recordar que el objetivo principal de una investigación científica, es dar una explicación “objetiva”, o sea empíricamente contrastable, a un problema específico. Objetivo es lo “perteneciente o relativo al objeto [el problema a resolver] en sí y no a nuestro modo de pensar.” (RAE)

Por último, al plantear los objetivos debemos considerar que en toda investigación los 12 - 33

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hay principales y secundarios. Y que es muy importante tener en cuenta la jerarquía y relaciones que existen entre ellos, única manera de evitar de irnos por las ramas, algo más habitual de lo que sería deseable. [Ver punto 2.c-d]

c. Estado del arte o la cuestión. Consiste en un análisis crítico del pasado y presente del problema de estudio para (a) situarlo en el contexto disciplinar, (b) conocer el alcance del estudio, (c) definir su orientación y facilitar su comprensión. [Ver punto 2.g]

Conviene que el Estado del arte presentado en la Introducción se centré en el problema a resolver y no la disciplina ni en el tema genérico en que se inscribe. Probablemente sean necesarias algunas acotaciones generales, pero lo básico es exponer qué se ha dicho y hecho sobre el problema que estamos estudiando y, especialmente, sobre el enfoque (hipótesis) que estamos dando a su solución.

d. Fuentes y procedimientos metodológicos. Explicar con qué documentos y qué procedimientos se contrastará nuestra solución al problema planteado. Ello supone establecer para cada una de las partes o fases de la investigación [Ver punto 2.h]: Las fuentes, documentos y materiales básicos utilizados, separándolos por tipos, e

indicando dónde o cómo se pueden localizar o realizar (encuestas). Los métodos y técnicas empleados para tratar este material.

e. Conclusiones. En toda investigación es posible abordar las conclusiones desde distintas perspectivas: conceptuales, metodológicos, disciplinares, específicas, generales, etc. Por eso conviene incluir en la Introducción alguna explicación sobre la naturaleza y características de los resultados y conclusiones obtenidas. No se trata de resumirlos, para eso está el trabajo, si no de explicar al lector sus aspectos generales.

f. Alcances y limitaciones. [Ver punto 2.i-j]

g. Agradecimientos. En el transcurso de una investigación solo recibir ayudas, sugerencias, apoyos de distinto tipo y de distintas personas. Dependiendo de la importancia que estas hayan tenido para la investigación es conveniente o imprescindibles indicarlas.

En las Tesis doctorales es habitual agradecer a todas las personas que han colaborado de una u otra manera de la realización del estudio, incluyendo el imprescindible apoyo que suele haber del entorno familiar. En cambio, en un artículo o un trabajo académico sólo se agradecen aquellos apoyos sin los cuales no hubiese sido posible el estudio. Y en todos los casos, conviene mencionar a los patrocinadores, sobre todo si se quiere seguir contando con ellos.

En las tesis doctorales los agradecimientos, por su extensión, suele construir un apartado propio; en los artículos o similares se limita a un párrafo en la Introducción.

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9. DESARROLLO / PARTES O CAPÍTULOS DE LA INVESTIGACIÓN

Una vez definido el problema y establecido el enfoque de la solución (la hipótesis planteada para solucionarla) y los documentos y métodos requeridos para su constrastación, pasamos a desarrollarlos.1

Por diversas razones los desarrollos de las investigaciones suelen constar de tareas o partes diferenciadas y en muchos casos independientes. En algunos casos estas tareas se corresponderá con los capítulos de la redacción final del trabajo; en otros se tratará de definir trabajos preparatorios (p. e., levantar un edificio para su estudio posterior).

División de la investigación

Estas partes, apartados o capítulos de la investigación no son divisiones arbitrarias. Deben responder a unidades de sentido coherentes; deben tener algo en común que permita tratarlas de manera unitaria y distinta a la de las demás partes.

Las divisiones más comunes suelen basarse en alguna de estas las distinciones o en la combinación de alguna de ellas:

Distinción por los documentos, fuentes o datos empleados. Distinción por los métodos o procedimientos empleados. (Cualquier estudio de

usos de suelo requiere al menos un levantamiento y una encuesta)

Distinción por el objeto u objetos estudiados en cada apartado. (Cualquier análisis comparativo)

Distinción espacial. Análisis de un mismo objeto de estudio en espacios distintos. (Comportamiento de un material en distintas zonas geográficas)

Distinción temporal. Por la secuencia temporal que afecta un objeto de estudio Distinción espaciotemporal. Análisis de un mismo objeto de estudio en

circunstancias espaciotemporales distintas (la vida de un arquitecto).

Estructura

Calleja (1991: 31) recomienda que desde el principio se trate de “ser sistemático y seguir una continuidad lógica. Esto no implica que luego, y cuando se haga la tabla de contenido final, deje tan sólo los nombres de los capítulos y trate las divisiones en el índice e incluso cambie de secuencia por (otro) más apropiado”. Otra recomendación es analizar los esquemas de investigaciones reconocidas dentro del campo de estudio, especialmente índice, introducciones y conclusiones de libros reconocidos.

Los capítulos de la investigación son el primer nivel jerárquico de ordenación; cada capítulo está, a su vez, dividido en una serie de subcapítulos y éstos podrán dividirse igualmente en párrafos. Lo más común es que el universo que maneja el escritor quede ordenado de acuerdo con esos tres niveles jerárquicos de clasificación, lo que en un sistema decimal quedaría reflejado numéricamente por entidades de una, dos o tres cifras. Los actuales procesadores de textos incluyen diversos sistemas de numeraciones automáticas, que tienen además la ventaja de que generan índices automáticos.

Aunque en algún caso se dé, no es preciso aplicar literalmente el sistema decimal indicado;

1 Para muchos investigadores el desarrollo constituye la parte más “mecánica” del trabajo y es el que ha menudo desarrollando los becarios en los grupos de investigación. Para que esto sea posible es imprescindible tener un esquema de investigación que especifique claramente qué hay que hacer – saber cuáles son los documentos, métodos y resultados esperados- de cada una de las distintas etapas de la investigación.

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puede aplicarse para los niveles segundo y tercero (subcapítulos y párrafos) o simplemente se traducirá su relación jerárquica mediante características tipográficas y su posición en las páginas. Así un sistema decimal como el indicado se podría esquematizar de este modo:

I. Título o enunciado del apartado A. Primera subdivisión

1. Segunda subdivisión 2. Tercera subdivisión

También podría ser 1. —————————————————

1.1. —————————————— 1.1.1. ———————————

2. ————————————————— Etc.

En esta misma estructura podrían eliminarse los números haciendo que la primera subdivisión de cada capítulo fuera en VERSALITAS y los títulos de los párrafos en cursiva, indicándose que los títulos de subcapítulos apareciesen sobre el margen izquierdo, mientras los títulos de los párrafos sobre el margen derecho. Naturalmente, es posible hacer subdivisiones más allá del tercer nivel jerárquico pero no es conveniente, porque el texto queda excesivamente subdividido o “atomizado”, perdiéndose la necesaria hilación.

Aunque las investigaciones presentan particularidades significativas que puede condicionar su estructura, a modo de ejemplo, indicamos una estructura bastante habitual en una tesis doctoral ─estructura que se simplifica considerablemente en los artículos e informes.

[1] Portada: Autor; título y subtítulo de la obra; lugar, fecha, etc. [2] Dedicatoria y agradecimientos. [3] Prólogo, preámbulo... [4] Resumen o abstract y palabras claves; con una versión en inglés.

[5] Introducción: (1) Antecedentes de la investigación; (2) Finalidad de la obra: tema y objetivos; (3) Estado de la cuestión; (4) Fuentes y materiales básicos; (5) Métodos y técnicas; (6) Alcances y limitaciones.

[6] Desarrollo: [Hay casos en que la Introducción se incluye como Cáp. 1]

Cáp. 2, 3...: Tantos como requiera la investigación.

Cáp. X: Reflexión final o conclusiones. [7] Bibliografía y, de haberlo, listado de origen de ilustraciones. [8] Índices temáticos: onomástico, materias... si el caso lo requiere. [9] Índice general.

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10. RESULTADOS Y CONCLUSIONES

En la planificación de la investigación será de suma importancia establecer desde el comienzo las características de los resultados y las conclusiones. Esto es fundamental porque permite (a) orientar los procedimientos metodológicos y definir la profundidad del estudio y (b) tener un criterio para seleccionar la información que tenemos que buscar.

Al plantear las conclusiones nunca hay que olvidar que un buen trabajo de documentación, de toma de datos e incluso de tratamiento de la información, no asegura que estas sean correctas e interesantes. Un buen trabajo de investigación puede ser desechado si las conclusiones son insustanciales.

Johannes Kepler concluye la trayectoria elíptica de los planetas basándose en los resultados de otro investigador, el concienzudo Thycho Brahe.

Como bien señala este ejemplo, las conclusiones no son el resumen de lo investigado ni la suma de las conclusiones parciales. Surgen de:

Un análisis crítico de los resultados a la luz del problema de partida. Aquí interesa sobre todo saber si la hipótesis, la idea, que teníamos como solución ha sido o no contrastada con la investigación realizada.

La capacidad (imaginación) del investigador para interpretar los resultados desde (nuevas) perspectivas que expliquen (resultan) de manera más profunda y sencilla el problema planteado.

La principal condición que han de cumplir las conclusiones es que estén contrastadas (avaladas) en el desarrollo de la propia investigación. Se trata de algo fundamental: las conclusiones deben ceñirse a los límites teóricos y metodológicos señalados por la propia investigación. Siempre hay que tener cuidado de no sacar conclusiones generales ni deducir alcances no considerados ni contrastados en el estudio.

Consecuentemente, a las conclusiones hay que dedicarles el tiempo tanto en lo que respecta a su definición como a su redacción.

A menudo los investigadores noveles no suelen dedicar tiempo a las conclusiones elaborándolas de prisa y casi en paralelo a la edición del texto. Esto es un error garrafal pues constituyen, junto con la definición del problema y de la hipótesis planteada para resolverla, el centro de cualquier investigación.

Por último, cabe apuntar que la redacción clara, precisa y concisa de las conclusiones tiene hoy una importancia añadida porque está comprobado que los lectores de artículos científicos leen primero la introducción y las conclusiones y sólo si les interesan se detienen en el cuerpo del estudio.

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11. FUENTES DOCUMENTALES

No existen fuentes de investigación únicas ni por disciplinas ni por tipos de investigación. Es más es posible determinar si algo puede ser válido como fuente de investigación. Las ideas, hechos y documentos no son en sí oportunos; su oportunidad depende del tema planteado, del tipo de investigación y de la disciplina en que se inscribe.

Es más, en sentido estricto todo es susceptible de investigación. Por eso es recomendable no desechar ninguna fuente sin antes revisar si puede ser útil.

Sin embargo, esto no significa que todas las fuentes tengan igual valor. Frente a cualquier fenómeno es posible distinguir entre fuentes primarias y secundarias. (Acosta, 1991:35)

Fuentes primarias: aquellas en las cuales sólo una mente, la del productor del fenómeno (en el caso del arte y las obras humanas) o el observador del fenómeno (natural u artificial), separa del hecho real al usuario de la fuente.

Fuentes secundarias: aquellas que se distancian grandemente entre el hecho original y el usuario, permitiendo muchas interpretaciones del mismo.

Otro elemento fundamental al momento de valorar una fuente es la “validez” que le asigna la comunidad científica, lo que en definitiva depende de su grado de contrastación. Aunque no es infalible hay una serie de pistas para lograr esta valoración:

Trayectoria investigadora del autor o autores.

Prestigio del archivo que alberga la fuente.

Prestigio de la editorial o de la revista donde se publica. Esto es válido también para la información periodística.

Exposición clara de los datos y procedimientos utilizados para realizar un experimento y obtener unos datos específicos. P. e., cabe desconfiar de las encuestas que no definen la muestra, no indican el tipo de preguntas, su grado de fiabilidad, fecha...

Cuando desarrollamos nuestra propia documentación también debemos respetar siempre este criterio. No confíe de la memoria, incluso de las fotos, dibujos, levantamientos, grabaciones y similares que realice. Aquí son muy útiles los Diarios de campo. En ellos se recogerán con minuciosidad y siguiendo diferentes modelos más o menos establecidos, los datos de interés no recogidos por los sistemas normales de captura de la investigación. Estos diarios no sólo deben utilizarse en las investigaciones de campo, sino en todo momento. Incluso al tomar fotografías o sacar reproducciones de documentos, no hay que olvidar nunca su importancia como base para la identificación y profundización documental.

Calidad y profundidad de la documentación usadas en la investigación. P. e., cabe desconfiar de todo texto teórico donde abunden las fuentes secundarias.

Estas recomendaciones son válidas tanto para la documentación “analógica” como para la que podamos encontrar en Internet. En la valoración de la documentación de la Red ayuda también la selección previa que realizan los metabuscadores académicos, como Google academico, Dial Net, MetAl, etc.

Durante una investigación encontremos diversas fuentes o informaciones que consideramos que nos podrían servir para otro estudio o que amplían un tema que nos interese. Esto es más habitual de lo que parece. Por ello conviene tener siempre a mano un sistema que nos permita archivar la referencia. [Ver puntos 14 y 15]

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12. SISTEMA DE REFERENCIAS DOCUMENTALES

“Una buena parte del trabajo científico —lo sabemos por la historia de la Ciencia— se dedica a la clasificación y la taxonomía (...) En algún sentido (...) todo el trabajo científico se reduce a la identificación, definición y agrupación o clasificación de los “ítem” que se descubren en la realidad o que el científico lleva a la realidad para ordenarla dentro de un sistema taxonómico lógico. Tener este aspecto de la investigación claramente establecido ayuda tremendamente al manejo de esa realidad que se investiga y sirve por igual para reconstruir el guión de un trabajo de un profesor o un conferenciante, al tomar ‘apuntes’ de clase, como para preparar el guión de trabajo de una conferencia, un artículo o un libro que debamos escribir” (Alcina, 1994:15).

Estos Consejos para realizar un trabajo científico son adecuados para manejar información bibliográfica con el fin de preparar un trabajo de curso, una tesina o una tesis doctoral, pero que también sirven para preparar una conferencia, escribir un artículo y para muchas cosas más. Son normas sencillas, más bien de carácter mecánico, para que las referencias bibliográficas fuesen precisas y rigurosas, al mismo tiempo que breves y sencillas.2

Existen diversos (demasiados) sistemas de clasificación bibliográfica. Últimamente en el trabajo científico se ha ido imponiendo el sistema Harvard o sistema autor-año-página.3

En todo caso, independiente del sistema de clasificación usado, “lo único verdaderamente importante en una referencia bibliográfica es que contenga de un modo ordenado y claro todos los datos que permitan a nuestros lectores identificar y localizar correctamente la publicación [documento] a que nos remitimos” (Ramírez, 1996:74)

Consecuentemente, toda la documentación que manejemos debe quedar claramente reflejada en nuestra bibliografía, con independencia de si realmente se utiliza en la redacción final. Hasta hace poco las fichas bibliográfica se realizaban en cartulinas de tamaño estándar (en España 12,5 x 7,5 cm). Hoy se pueden elaborar por medios informáticos, existiendo incluso existen bases de datos prediseñadas para bibliografías.

En síntesis las referencias bibliográficas en el Sistema Harvard son (Alcina, 1994:151-183): 1. Libros

Dado que hoy es muy fácil de recuperar en Internet los datos completos de cualquier libro, es preferible limitar los datos a los que suelen incluirse en la bibliografía final:

2 En estas recomendaciones no se han tenido en cuenta la Clasificación Decimal Universal (CDU, 1991), ni las Reglas de Catalogación (Reglas, 1988) ya que las normas bibliográficas que requiere un trabajo científico son muy otras a las creadas por los bibliotecarios.

3 Hasta hace pocos años la costumbre generalizada era citar los libros y artículos en notas a pie de página. Cuando era necesario volver a citar un libro o artículo ya mencionado, no se repetía toda la ficha bibliográfica, sino que se añadía ob. cit. o op. cit. seguido de la página citada. Cuando de ese autor sólo se citaba un único trabajo el problema de averiguar cuál era esa obra era una cuestión de paciencia, pero se hacía grave cuando eran varias las obras mencionadas. En ese caso se tenía que mencionar el comienzo del título de la obra en cuestión para no confundir. Pero el mayor problema era cuando en un libro de mediana extensión tenía numerosas citas a pie de página; entonces averiguar el título completo y los demás detalles del libro o artículo citado era una verdadera tortura pues, en ocasiones, había que repasar en sentido inverso todas las citas hasta el comienzo del libro. Tras diversos para simplificar y racionalizar el sistema de citas, a mediados del siglo pasado comenzó a utilizarse en algunas publicaciones un sistema de citas que combinaba el autor y año de publicación, al que se le añadía la página que se deseaba citar. Este procedimiento acabaría por imponerse y se conoce como sistema autor-año-página. Sus ventajas son evidentes a la hora de escribir. Es igualmente práctico al preparar las fichas de trabajo [...] y de redacción de un estudio. Esa forma de citar añade otra ventaja [...] permite intercalar cuantas veces se quiera nuevas citas sin tener que modificar los números de todas las notas posteriores a la nueva incorporación, lo que, aun contando con el uso de la computadora para escritura, evita la acumulación de errores.

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(a) AUTOR o AUTORES en mayúscula; (b) Nombre completo o inicial; (c) Año de la edición utilizada entre paréntesis; (d) Título del libro en cursivas; (d) Opcional: incluir cuando la haya el año de la edición original entre corchetes; (e) Cuando corresponda: número de volúmenes o tomos de la obra; (f) Si fuese por algún motivo necesario para investigación: autor del prólogo o de la traducción ─datos que no suelen ir en las bibliografías de arquitectura─, número de la edición... (g) Editorial o Institución editora; (h) Lugar de la edición.

GARZA MERCADO, Ario (1966). Manual de técnicas de investigación para estudiantes de Ciencias Sociales [1958], III vol., Prólogo de Joaquín Martínez; Universidad de Nuevo León, Monterrey.

2. Artículos o capítulos de libros

(a) AUTOR o AUTORES en mayúscula; (b) Nombre completo o inicial; (c) Año de edición entre paréntesis; (d) Título del artículo o del capítulo del libro entre comillas; (e) Opcional: incluir cuando corresponda el año de la edición original del artículo entre corchetes; (e) Título de la revista, del libro colectivo o de la antología en cursivas; (f) Volumen y páginas en que se halla el artículo o el capítulo; (g) Editorial o Institución editora; (h) Lugar de la edición.

PEEBLES, Christofer S. y Susan M. KUS (1977). “Some archaeological correlates of ranked societies”. American Antiquity vol. 42 (3): 421-48. Salt Lake City.

3. Variaciones o excepciones. 3.a. Año y lugar de edición. Cuando en el libro no consten algunos de estos datos, se indica:

s.d. ó s/d. = sin data. s.ref. ó s/ref. = sin referencia

3.b. Dos obras de un mismo autor del mismo año.

Cuando se use más de un libro o artículo de un autor publicados el mismo año, cada ficha llevará como «desinencia» del año de publicación, letras minúsculas: b, c, d, etc. de manera que aquella a la que no hayamos dado ninguna desinencia se le atribuya la a en la relación definitiva. De ese modo cada obra de un mismo autor tendrá una designación absolutamente única e inconfundible: año y letra. Ese detalle es imprescindible, ya que de otro modo las citas hechas a libros o artículos publicados el mismo año podrían confundirse.

LÉVI-STRAUSS, Claude.

1966 1969a 1969b

The Savage Mind. Chicago. The Raw and the Cooked. Nueva York. The Elementary Structures of Kinship. Boston.

3.c. Obras con numerosas ediciones.

Es posible que, especialmente en investigaciones sobre todo de carácter histórico, se citen obras varias ediciones. Aunque las citas de esos autores deben hacerse en la forma habitual: nombre del autor-año-página, en la lista bibliográfica final debe indicarse entre corchetes o paréntesis cuadrados la fecha de la primera edición o de elaboración del texto.

MARX, Karl y Frederick ENGELS. (1959). «The Comunist Manifesto» [1848]. En: Marx and Engels: Basic writings on politics and Philosophy (L. Feuer. ed.): 1-41. Doubleday. New York.

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3.d. Manuscritos, inéditos u obras en prensa.

Cada día es más frecuente entre colegas, prestarse copias de artículos o libros que se hallan en vías de publicación, de manera que su contenido pueda ser utilizado antes de que se publique, lo que dadas las demoras en la edición puede representar meses o aun años de adelanto. Con ello, las obras inéditas pueden utilizarse y citarse, reconociendo los créditos debidos a los autores, como si se tratase de obras publicadas.

Ejemplo: ponencia original presentada a un congreso al que se asiste: SHERBONDY, Jeanette E. (1992 ms.). El agua: ideología y poder de los Incas. «El agua:

mitos, ritos y realidades». 23-27 de noviembre. Granada (en prensa). 3.e. Autor.

Cuando el libro es obra de un solo autor la única norma a tener en cuenta es que en la ficha y, consiguientemente, en la lista bibliográfica, se indicará en primer lugar el apellido o apellidos del autor y, tras una coma, su nombre o nombres.

Cuando el apellido es poco frecuente, se puede mencionar solamente el primer apellido; sin embargo, cuando el primer apellido es muy frecuente es necesario incluir el segundo apellido o desarrollar la abreviatura del segundo nombre en el caso de los ingleses.

Así, por ejemplo, para el caso de autores españoles: - GARCÍA CONDE, Ángel

- GARCÍA CUBAS, Antonio

- GARCÍA GRANADOS, Rafael o bien, en el caso de autores anglosajones:

- SMITH, A. Ledyard

- SMITH, G. Elliot

Es imprescindible tener en cuenta que cuando se trata de nombres anglosajones el segundo puede parecer a un lector poco avisado un primer apellido, lo que provoca serios errores de alfabetización de autores.

- J. Alden Mason se alfabetiza por: MASON, J. Alden - Samuel Kirkland LOTHROP se alfabetiza por: Lothrop, S. K.

3.f. Obras con varios autores.

Cuando son dos los autores, el primero llevará el apellido o apellidos antepuesto al nombre; el segundo irá en la forma ordinaria: nombre o nombres y apellido o apellidos. Lo mismo para cuando la obra sea de más autores y se va a mencionar a cada uno de ellos.

POLLOCK, H. E. D. y G. STROMSVIK (1953). Chacchob. Yucatán. Carnegie Institution of Washington. Supplementary Publication no 6. Washington.

MARTIN, P. S.; J. B. RINALDO y Ernst ANTEVS (1949). Cochise and Mogollón sites, Pine Lawn valley. Western New México Fieldiana Anthropology. vol., 38. 1. Chicago.

Cuando el número de autores es muy grande, o se quiere abreviar la referencia, puede optarse por alguna de estas soluciones:

AA.VV. = autores varios.

VV.AA. = varios autores.

Primer autor et alii. o et al. = y otros.

De estas soluciones se recomienda la última ya que, a efectos de alfabetización, dispersa las obras de varios autores, personalizándolas en el autor que va en

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cabeza, aunque no sea el más significativo.

3.g. Obras colectivas.

Las obras colectivas, simposios, coloquios o mesas redondas suelen tener un autor que hace el papel de director, coordinador, compilador, o editor (autor de la edición). En esos casos la ficha general del libro colectivo se alfabetiza por el apellido de ese director o editor a cuyo nombre se añade entre paréntesis la abreviatura de la palabra que se haya elegido (dir., coord., comp.) aunque como norma general puede adaptarse la de editor (ed.).

ALCINA FRANCH, José (ed.) (1990). Indianismo e indigenismo en América. Alianza Universidad: 628. Madrid.

3.h. Títulos de libros que forman parte de una obra más amplia.

Un caso particular, diferente del enunciado sería un libro que formase parte de una obra general más amplia.

LÉVI-STRAUSS, Claude (1971). De la miel a las cenizas. Vol. 2 de «Mitológicas». Fondo de Cultura Económica. México.

3.i. Obras anónimas.

El encabezamiento lo da la primera palabra del título que no sea partícula.

Códices indígenas (1933) de algunos pueblos del Marquesado del Valle de Oaxaca. Talleres Gráficos de la Nación. México.

En este caso, dado que son tan numerosos los códices en cuestión el encabezamiento puede hacerse por medio del «editor».

ALCINA FRANCH, José (1986). Códice Veitia. Estudio, trascripción y notas de J. A. F. Testimonio - Patrimonio Nacional. 2. Vols. Madrid.

4. Documentos de Internet (BVPS 2007)

La posibilidad de consultar artículos, materiales y documentación en Internet ha obligado a desarrollar unos protocolos para ficharlos. Estos procedimientos no están aún normalizados pero se pueden considerar las siguientes recomendaciones.

Para los trabajos recopilados en Internet se siguen los mismos criterios para los documentos impresos se agrega (a) el URL de la publicación y (b) la fecha de consulta.

ROSERO BIXBY, Luis. (2002 [fecha de elaboración del documento, cuando se sepa]); Boom demográfico en Costa Rica. Población y salud de Mesoamérica. http://ccp.ucr.ac.cr/revista/volumenes/1/2/boom.htm (Consulta 25/09/2002)

Cada vez es más frecuente que las páginas Web de carácter académico están incorporado un link que indica cómo citar el documento.

Un instrumento más nuevo pero con mucha proyección para obtener las referencias bibliográficas de un documentos de Internet son los gestores bibliográficos, como RefWork o similar. Entiendo que dentro de poco serán indispensables en el trabaje académico.

4.a. Consideraciones generales para las citas de Internet

a. Utilice los datos completos de la publicación. b. No se incluyen números de página. c. En la medida de lo posible, el URL debe apuntar directamente al artículo. d. Divida un URL en otra línea después de un slash o antes de un punto. No inserte

un guión al final de la división.

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ayudar al

a. b. c.

d. e. f.

desarrollo del estudio o de futuros estudios. Por ejemplo:

Biblioteca o lugar donde se encuentra el documento. Señalar si el documento ha sido consultado y en que fecha. Señalar si se hicieron fichas de trabajo o si se tomaron notas y dónde se encuentras estas notas si no se incluyen en la misma base de datos. Señalar en qué bibliotecas y fecha se ha buscado sin éxito algún documento. Palabras claves o referencias de clasificación “particulares” del documento. Si por algún motivo se intercambiarán fichas identifíquelas.

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4.b. Documento suelto, sin autor ni fecha

Inicie la referencia con el título. Tablas de de fecundidad adolescente. (n.d.). Consulta del 8/08/2002 de

http://ccp.ucr.ac.cr/tablas/fecundidad/

4.c. Documento disponible en un portal

Si el documento esta dentro de un portal grande y complejo (universidad, institución o similar), identifique la institución y el departamento antes del URL del documento.

Schram, Albert (1999). El estudio socio-económico: una caracterización del cantón Pérez Zeledón. Consulta del 24/08/2002 del portal de Internet del Centro Centroamericano de Población de la Universidad de Costa Rica: http://ccp.ucr.ac.cr/articulos/schram.htm

4.d. Copia electrónica de un artículo de revista, de tres a cinco autores, recuperado de una base de datos.

Zabin, L.S., Hirsch, M.B., Smith E.A., Streett, R., & Hardey J.B. (1986) “Evaluation of a Pregnancy Program for Urban Teenagers” Family Planning Perspectives. 23. 6: 253-263. Consulta del 17 de julio, 2002, de la base de datos JStore.

4.e. Documento obtenido de una base de datos agregada.

Cuando el material se obtuvo por una consulta en una base de datos agregada, siga el formato apropiado de la estrategia de consulta y agregue un informe del resultado de búsqueda con la fecha de recuperación y nombre de la base de datos.

Población de Costa Rica por provincia y grupos quinquenales de edad. Consulta del 15 de octubre del 2002, de la base de datos del Censo del 2000 del Centro Centroamericano de Población: http://censos.ccp.ucr.ac.cr

4.f. Descargas de Internet.

Al “bajar” y archivar los documentos de Internet hay que tener en cuenta que la mayoría de los programas no guardan la dirección informática. Por el medio que sea, asegúrese que realmente la ha guardado, sino no podrá referenciarla.

5. Datos particulares.

Además de los datos bibliográficos normalizados, existen una serie de datos que interesan sólo al investigador de la documentación utilizada. Son datos “particulares” cuya función es

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13. PERFIL DOCUMENTAL DEL TEMA (Alcina, 1994:176-180)

Para cualquier investigación se requiere de un marco bibliográfico que defina las bases teóricas y metodológicas utilizadas para el desarrollo del razonamiento original de la investigación y que por eso será deudor en cierto sentido de las contribuciones de otros autores contemporáneos o del pasado.

El primer problema es cómo confeccionar la «bibliografía ideal» del tema. Descartando la posibilidad, siempre muy escasa e imperfecta, que nos proporcionan los centros de documentación, es necesario habituarse con los procedimientos tradicionales, lo que implica un profundo conocimiento de los repertorios bibliográficos generales y especializados de cada una de esas disciplinas donde, posiblemente, encontraremos respuesta a temas tan específicos como los que he señalado como ejemplos.

El primer nivel de búsqueda corresponde a las obras generales, especialmente a los Catálogos bibliográficos de las diferentes especialidades y averiguar si existe ya alguna bibliografía especial sobre la materia de su estudio.

a. Hay editoriales que se dedican a la reproducción de los ficheros de autores y materias de una amplia variedad de bibliotecas especializadas de gran prestigio en el mundo. Gracias a estos catálogos se puede disponer de la información correspondiente y de la seguridad de localización de muchos libros y artículos de revista publicados durante un periodo determinado. Esto representa un buen sustituto a las carencias de las bibliotecas y centros de documentación de los países con menos recursos.

b. Es claro que estas bibliografías terminan en las fechas de publicación respectivas de los catálogos. Para completarlas es imprescindible usar (a) repertorios periódicos, con o sin comentarios, de las diferentes disciplinas y (b) reseñas críticas de las principales revistas de la especialidad.

c. Es recomendable leer los prefacios, introducciones y tablas de las recopilaciones generales para ubicar mejor el tema en que se trabaja. En temas interdisciplinarios se presenta el problema de saber cómo está clasificada la información. Muchas veces esto depende del bibliotecario de turno y es casi imposible definir criterios objetivos generales. Por lo tanto, hay que dedicar mucho tiempo e imaginación al asunto. En todo caso, un mayor conocimiento del área de estudio y de las técnicas bibliográficas contribuirá a solucionar el problema.

El siguiente nivel corresponde a las bibliografías que cubren un área concreta (cuando se tiene la suerte de que estas bibliografías existan; si bien son más comunes de lo que se cree). Ahora bien, aunque la lista de libros sobre bibliografía de los más variados temas es enormemente larga, puede decirse que en el tema de la bibliografía «teórica» de un tema nunca se llega a agotar y pretender hacer algo realmente exhaustivo es una necedad.

Dos aspectos importantes a tener siempre en cuenta:

a. La bibliografía de un tema debe estar siempre abierta a nuevas aportaciones, que surgen cuando menos se espera

b. El método más eficaz para hacer una bibliografía es aplicar “método de las cerezas”. Al igual que tirando de una se mueven tres o cuatro y éstas, a su vez, arrastran a otras tantas cada una de ellas, en la bibliografía de un tema, partiendo de algunos pocos estudios específicos se consigue un buen número de otros y de cada uno de ellos, muchos más van a engrosar el pequeño fichero inicial.

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2. Ficheros ideal, real y práctico.

Al hablar del perfil documental de un tema hay en realidad tres niveles relacionados:

a. Fichero ideal: incluye toda la documentación existente sobre el tema de estudio.

b. Fichero real: incluye la documentación localizada ─mediante eternos peregrinajes por bibliotecas, librerías y centros de documentación, aburridas navegaciones por INTERNET y otras redes telemáticas similares, conversadas consultas con maestros y amigos...

c. Fichero práctico: el que resulta del examen de las obras recopiladas en el fichero real. Este fichero práctico será el que en definitiva se utilice en el trabajo.

En el proceso de construcción de estos ficheros algunas referencias desaparecerán por inútiles: al no contener ningún dato de interés, pero otras no se podrán localizar en las bibliotecas inmediatas. No hay que desesperarse. Para esos casos un viaje a una buena biblioteca no vendrá mal y si no tenemos financiación, eche mano de los amigos. Si tiene alguno amigo en los Estados Unidos es posible que resuelva el problema: las bibliotecas de ese país reúnen prácticamente la totalidad de cuanto podamos necesitar. Si a pesar de todo no logra localizar más que el 90% de la bibliografía «teórica» reunida en el fichero provisional, se puede decir que tiene una información casi exhaustiva sobre el tema; sólo podría desasosegarse sí en ese 10% residual queda algún trabajo fundamental. Si es así, agudice su ingenio para asegurar que puede localizarlo antes de finalizar el estudio.

En esta búsqueda bibliográfica hay un campo especialmente dramático: el de las revistas científicas o especializadas.4 Aunque esto está comenzando a cambiar gracias a las bases de datos de Internet. Pero asegúrese que tiene acceso a ellas porque muchas no son de acceso gratuito.

En definitiva, las posibilidades de conseguir la documentación ideal dependerán de muchos factores, desde el lugar en que se realiza la tesis, la capacidad de relaciones pública del investigador, el conocimiento de idiomas y recursos económicos. Valorar esto adecuadamente es muy importante, porque la documentación que objetivamente se puede conseguir definirá la investigación a realizar.

Por ejemplo, no se puede estudiar el dibujo de arquitectura medieval si no se puede acceder a las fuentes originales o a facsímiles de las mismas.

4 Sería largo precisar por qué razón las colecciones de revistas de las bibliotecas de los países en desarrollo (incluyendo las españolas), en general, están «descabaladas». Por ello, aunque le digan que esa revista existe en la biblioteca deben consultarse los catálogos respectivos para comprobar si realmente (o dónde) se halla el número de la revista que interesa consultar.

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La única donde se

a.

b. c.

d. e.

condición que sí debe cumplir toda ficha es la referencia clara de la fuente de obtuvo la información, debiendo considerarse como mínimo:

Encabezamiento, palabra o frase escrita en mayúsculas en la parte superior de la ficha y la cual debe indicar el tema que trata el apunte.

Fecha, en que se realizó la ficha. Fuente, que debe indicar claramente el origen del apunte. Conviene utilizar como

referencia el sistema autor-año-página.

Datos particulares del investigador, por ejemplo, una clasificación de las fichas por temas generales; palabras claves...

Apunte, textual, resumen u original.

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14. FICHAS DE TRABAJO

Siempre se deben tomar apuntes de la información que considere que le va a servir. En este trabajo no se limite a los textos ni contextos académicos. Una buena idea, un dato oportuno, aparece en los más variopintos documentos.

En síntesis se pueden distinguir tres siguientes tipos de apuntes (Acosta, 1991:78):

a.Textuales, trascripción fiel de alguna frase o párrafo de interés para la investigación; debe ir entre comillas y con referencia de la fuente correspondiente.

b.Resúmenes, sea de libros, escritos o ideas de otras personas, no se ponen entre comillas, pero se cita la fuente.

c. Originales, que consisten en pensamientos o ideas personales. Hasta hace poco el método más usado para tomar estos apuntes eran fichas sueltas de

manuscritas por un sólo lado. Este sistema tenía (tiene) varias ventajas: a. facilidad para transportarlas y anotar en ellas b. facilidad para coleccionarlas, corregirlas y completarlas c. deja la parte de atrás de la ficha para comentarios

d. permite reordenar a discreción la información contenida. e. la pérdida de una ficha no rompe la unidad del conjunto f. facilidad de intercambio entre ficheros compatibles

Las tradicionales fichas de cartulina tenían un tamaño aproximado DIN-A5, existiendo ficheros para almacenarlas y consultarlas fácilmente. Las bases de datos digitales están transformando el modo de hacer fichas y cada investigador debe adecuarse al sistema que le presente mayores beneficios. Pero, con independencia del sistema utilizado conviene (a) mantener la individualidad de la ficha y (b) disponer una impresión para consultas sincrónicas y órdenes aleatorios.

Sea el trabajo manual como informático conviene tener siempre a mano tantas fichas guías como sea necesario. Sirven para recordarnos las características y contenidos de las fichas o, en las base de datos digitales, el contenido de cada campo y de los elementos de resalte empleados. Son esenciales porque (a) recuerdan las tareas a realizar cada vez que se realizar una reseña documental y (b) unifican el material de la investigación.

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15. ARCHIVO DE LA DOCUMENTACIÓN

Probablemente una de condiciones más importantes para ser un buen investigador, incluso para llevar a buen término cualquier investigación, es tener adecuadamente archivada la documentación que se maneja. En esencia, un archivo cumple dos objetivos:

a. Almacenar ordenadamente la documentación de modo que se pueda recuperar con facilidad. Cuando comenzamos a investigar esta recomendación parece anecdótica puesto que por su volumen no tenemos problemas para encontrar la documentación manejada. Sin embargo, muy pronto nos percatamos que ésta, tanto en formato analógico como digital logra unas dimensiones imposibles de manejar confiando sólo de nuestra (frágil) memoria.

b. Constituirse en instrumento de investigación, al permitir clasificar la documentación según para que nos pueda interesar.

Al momento de organizar nuestro archivo, conviene distinguir que no tiene porque ser equivalente el orden de almacenamiento con el sistema de clasificación de la información. Es más, desde muchos puntos de vista conviene separar el archivo físico o digital de la documentación de su posible agrupación o calificación para su uso en investigaciones específico. De este modo no hay que reordenar el archivo cada vez que se da un nuevo orden a nuestra documentación.

El modo en que se consigue se consigue separar archivo de almacenamiento es relacionándolos mediante una base de datos informática que contenga toda la documentación que manejamos [Ver: fichero ideal, real y práctico]. Gracias a las bases de datos, este ordenamiento puede se puede lograr agregando uno varios “campos” más a la base de datos bibliográficas. Veamos un ejemplo:

Lo habitual es tener que clasificar cuatro tipos de documentos: libros, artículos, archivos digitales, otros de mayor volumen. Mi recomendación es guardarlos de manera independiente y asignando un número de localización para cada uno. Los libros pueden guardarse en estanterías o cajas numeradas y asignado un número

correlativo por balda: EST-02.005 (Estantería 2, libro 5) Por su número, para los libros

basta indicar si tienen o en qué biblioteca están. Los artículos en archivadores numerados que contengan en bolsas independiente los

respectivos documentos: ACH-14.007 (Archivador 14, documento 7) Los archivos informáticos basta con guardarlos correlativamente: REF-105. Para archivar otros documentos dependerá de lo que se archive. P. e., para los CD se

puede utilizar el sistema de los libros o los archivos.

En la base de datos todas estas referencias topológicas se incluirán en el mismo campo.

Luego se pueden agregar a la base de datos tantos campos con palabras claves como se estime oportuno. Luego, mediante las herramientas ordenar o informes se pueden reordenar y agrupar las referencias del modo que nos interesen.

Para que esto funciones es importante que cada columna se contenga una única palabra clave: un campo estará destinad a la disciplina (arquitectura, filosofía...), otra a un tema dentro de ella (movimiento moderno, construcción, historia...), la siguiente a un ámbito geográfico y así... Incluso es posible tener campos destinado a nuestras investigaciones (tesis doctoral, artículo, asignatura x o y, etc.

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a. b. c. d.

Clasifique lo leído conforme a la índole o materia. Consigne de qué se trata todo el libro lo más brevemente posible. Enumere el orden y relación de las partes y analícelas como analizó el todo. Defina el problema o problemas que el autor está tratando de resolver.

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16. LECTURA DE INVESTIGACIÓN (Acosta, 1991:70-73): La lectura de investigación es específica.

a. Lea con un propósito definido: determine qué es lo que quiere y trate de hacerlo. Trate de encontrar relaciones de la lectura con la meta a alcanzar.

b. Lea en un sitio adecuado: silla cómoda, mesa a buena altura, buena iluminación, temperatura y ventilación adecuada, entorno sin distracciones...

c. Haga un programa balanceado de lecturas. Si lo corta sabe donde continuar d. Lea cuando este dispuesto, pero asuma su programa de lecturas. e. Determine su tiempo de concentración y procure aumentarlo paulatinamente. f. Trabaje con instrumentos de apunte. Estudiar un libro es un proceso activo.

Análisis de la estructura de un texto.

Interpretación del contenido de un texto.

a. Póngase en la mentalidad del autor mediante la correcta interpretación de sus términos básicos.

b. Capte las proposiciones dominantes del autor, entrando en contacto con sus frases más importantes.

c. Conozca los argumentos del autor, buscándolos en los encabezamientos de sus frases o construyéndolos a sus expensas.

d. Determine cuál de los problemas que usted no había logrado resolver, consiguió dilucidar el autor.

Critica de un libro como comunicación de saber.

a. Máximas generales. No comience la crítica hasta no terminar el análisis y la interpretación. No diga

que está o no de acuerdo hasta que no pueda decir entendí.

No discrepe pugnaz o contenciosamente.

Respete la diferencia entre el conocimiento y la opinión, aduciendo razones para cualquier juicio crítico que se haga.

Tenga la mente abierta para emprender y comprender antes que criticar. b. Puntos específicos de crítica. Indique dónde considera que el autor:

Carece de información. Está mal informado. Es incoherente. No sigue una secuencia lógica de raciocinio. Realizar un análisis o una relación del autor incompleto.

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17. REDACCIÓN FINAL (Alcina, 1994: 205-209).

La redacción del trabajo científico en un primerizo o primeriza es un acto doloroso. En ese acto cuentan mucho las condiciones naturales del afectado: hay quien tiene enorme facilidad para la escritura y quien se debate en una lucha infeliz entre el bolígrafo o el ordenador y la nada del papel en blanco donde se debe verter toda la sabiduría, originalidad y descubrimientos acumulados, a veces, durante años. En este caso, en realidad, el partero o la comadrona no pueden ayudar mucho: sus consejos son difíciles de aplicar si las condiciones innatas del documento no son buenas.

Lo que sigue debe entenderse entonces como indicaciones a experimentar por cada cual, con la esperanza de que puedan ayudarle a encontrar su propio camino, su propio método y manera de escribir. En esta búsqueda es importante (o puede serlo) descubrir cual es el necesario estado de bienestar para la escritura de cada uno. Hay quien sólo escribe bien a ciertas horas; quien requiere de música ambiental o de silencio absoluto; unos escriben mejor con ordenador y otros solamente a mano; hay quien necesita fumar o tomar coñac, café o cualquier otro excitante y quien no necesita nada de eso.

La redacción del cuerpo sustancial del trabajo suele utilizar como esquema de presentación final la propia estructura de organización y desarrollo de la investigación. Así la unidad capítulo no sólo aparece como una unidad de sentido de carácter lógico [Ver punto 9], tiene también que tener una proporcionada longitud, para que el material se halle repartido equilibradamente a lo largo del libro.5 Tras la distribución de materias en capítulos, lo que viene a ser el guión de toda la obra, se procederá a hacer guiones de trabajo de cada capítulo siguiendo el esquema previo o realizando las modificaciones que se consideren necesarias, tras lo cual se procederá a la redacción.

Una vez que se tiene establecido el esquema general de la obra se puede empezar la redacción por cualquier capítulo. Conviene empezar por el capítulo cuya materia se domina mejor o más profundamente, por el que resulta más atractivo, o por aquel en el que esperamos introducir más innovaciones o sobre el que tenemos más ideas originales: esos aspectos aparentemente secundarios y aun triviales pueden ayudar al primerizo a salvar las dificultades del primer parto.

La conclusión o conclusiones logradas tras haber desarrollado la investigación es una parte importante y no precisamente fácil. Algunos autores y directores de investigaciones académicas aconsejan que se enumere de manera breve y escueta las conclusiones a que se ha llegado. Según Alcina, muchas veces eso da lugar a una lista de obviedades o de pequeñas tonterías. Tras una investigación “es posible que el o los avances alcanzados por el investigador sean más bien modestos si se presentan de manera esquemática y resumida, pero acaso los matices en que se ha progresado tras esa investigación sean mucho más importantes que los logros globales y fundamentales. Por eso es aconsejable escribir una «reflexión final» que sirva de conclusión o terminación de la obra, donde se destaquen los aspectos fundamentales del trabajo y se presenten esas reflexiones en las que entran todas las sutilezas y matices que, por comparación con lo que ya se sabía, constituyen, verdaderamente, el avance más importante logrado con la investigación. No es ocioso tampoco que en estas páginas finales se aporten los temas pendientes de aclaración o investigación de manera que, en cierto modo, el aporte del estudio venga a ser el eslabón de una cadena que viene del pasado y se enlaza con el futuro”.

Más allá de lo dicho es difícil aconsejar, pues la práctica de la escritura es un proceso personal en el que incluso el modo de elaborar las fichas influye en su utilización. A veces una enorme cantidad de datos de fácil o lógica cuantificación se podrán presentar como

5 Así, un texto de unas trescientas páginas podrá estar dividido en ocho a diez capítulos cuya extensión no será menor de 20 páginas ni mayor de cuarenta, con lo cual se asegurará un adecuado encaje de las materias en un orden no excesivamente tedioso, monótono o cansado en la exposición.

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cuadro estadístico que sólo requerirá un comentario acerca de la valoración de tales datos, pero ordinariamente la lectura, comparación y reflexión sobre los datos incluidos en un bloque de fichas es lo que servirá para exponer nuestras ideas derivadas de aquellos datos y contrastadas con la o las opiniones de otros autores que se han interesado por temas comunes o aspectos relacionados. Es ahí cuando el aparato crítico de referencias debe usarse con la discreción necesaria, de modo que no parezca una simple enumeración de fichas. Al contrario, todo ello debe quedar suficientemente integrado y aclarado para que el lector pueda juzgarlo y adoptar sus conclusiones, si son, naturalmente, pertinentes. Es en ese momento cuando se puede y en ocasiones se debe citar literalmente determinado texto, ya sea de un documento antiguo, un autor clásico o un investigador moderno, en tanto que sus palabras o ideas sean suficientemente importantes y expresivas. En ese caso la cita literal extensa puede aparecer sangrada con un interlineado menor o incluso un tipo de letra diferente si se emplea un ordenador.

La facilidad que proporciona el ordenador para intercalar, reagrupar o reordenar textos no está negada a quienes escriben a mano: los cuadernos de anillas con hojas intercambiables pueden hacer el mismo servicio a la hora de introducir un nuevo párrafo o incluso una nueva cita que, dado el sistema de referencias que hemos recomendado, se incluye con toda facilidad en cualquier momento de la redacción.

Como se ha dicho antes el o los esquemas de trabajo se están modificando constantemente, adaptándose a las nuevas circunstancias o a los acoples y rectificaciones que el propio autor va haciendo a lo largo de esa difícil fase que es la redacción. Esto es de tal manera cierto, que el guión definitivo que es en realidad el índice del libro puede, en ocasiones, parecerse poco al primer esquema elaborado al iniciar la investigación.

1. Estilo de redacción (Alcina, 1994: 209-210).

Quizá lo primero que habría que decir sobre el estilo, comenta Alcina, es lo que indicaba Ramón y Cajal (Memorias, 1940: 91; en Alcina 1994: 209) cuando afirmaba que Mr. Billings, sabio bibliotecario de Washington, agobiado por la tarea de clasificar miles de folletos, en donde, con diverso estilo, dábanse a conocer casi los mismos hechos o se exponían verdades ya de antiguo sabidas, aconsejaba a los publicistas científicos la sumisión a las siguientes reglas: 1a, tener algo nuevo que decir; 2a , decirlo; 3a, callarse en cuanto queda dicho, y 4a, dar a la publicación título y orden adecuados.

Muchas veces, agrega Alcina, en las largas conversaciones con mis alumnos, les he dicho, comentando algún párrafo incomprensible de su borrador: «¿Qué has querido decir con esto?» y al decirme él o ella, con sencillez, lo que querían haber dicho, yo les respondía: «Pues, eso, exactamente, es lo que tienes que decir». Otra recomendación era que escribiesen como Azorín y no como Castelar. Frases cortas y sencillas con su sujeto, verbo y predicado bien marcados son quizá las más adecuadas para la redacción de un escritor novel que se dispone a redactar su primer artículo para una revista científica.

A veces el deseo de escribir con estilo, o bellamente, lleva a oscurecer el concepto que se quiere expresar. Lo más importante es tener algo que decir y decirlo. En otras palabras: tener las ideas claras y exponerlas con sencillez. Aunque el estilo literario y la belleza en la expresión no están reñidos con la claridad ni la precisión del lenguaje científico, lo que debe primar, especialmente en el escritor novel que elabora y redacta su investigación, es el valor científico, de tal manera que su obsesión debe ser la claridad. Y para ello, la primera condición es la de pensar con claridad. Algunos científicos —especialmente filósofos— deben sospechar que el pensamiento oscuro es más profundo y, ya sea por su lenguaje o por su pensamiento mismo, sus escritos resultan prácticamente incomprensibles. Un viejo profesor decía que cuando se encontraba con un escrito de estas características, era razón más que suficiente para sospechar que a una escritura confusa correspondía un pensamiento igualmente complicado.

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El oficio de escritor requiere, como todo oficios, de una larga experiencia y de un trabajo riguroso. Hay que desconfiar de la inspiración; por el contrario, romper muchas páginas que una vez leídas y releídas no expresan exactamente lo que deseamos decir garantiza el progreso en esa lucha dramática con el lenguaje: las frases felices, las expresiones elegantes y aun geniales vendrán con el tiempo. Por último, en el caso de duda ante la inclusión o no de una frase, el escritor novel deberá inclinarse por la abstención.

2. Sobre las citas

Cita: “Nota de ley, doctrina, autoridad u otro cualquier instrumento que se alega para prueba de lo que se dice o refiere” (RAE)

Aunque la cantidad y tipo de citas de una investigación dependerá de sus características particulares, toda cita debe cumplir un propósito definido y no estar incluida en el texto como adorno o manifestación gratuita de erudición. En general es preferible ser parcos al citar, pero no es admisible el renunciar (o casi) a hacerlo, porque aunque más cómodo, no responde a la indagación científica. En todo caso, al citar hay que cuidar:

a. Que las citas que se realicen no interfieran el discurso.

b. No dar como propias ideas ajenas. A menudo quien lee se entera de ello.

c. No reforzar con autoridad cosas evidentes (la lluvia viene de las nubes) o de todos conocidas (año de la muerte de Cervantes).

d. Precaución. Es inútil dar autoridad a citas de segunda o tercera mano, a trabajos superados y criticados por el propio autor y a escrito que tratan el tema de estudio de modo colateral.

e. No incluir citas ajenas si antes no han sido comprobadas personalmente. O se las cita con la cautela y referencia correspondiente.

f. Las citas en otra lengua dependen del fin del trabajo. En general, si existe una traducción aceptada por la comunidad académica, se cita en el idioma que se escribe la investigación.

En el tratamiento de la documentación a utilizar es recomendable ser muy honesto con las referencias documentales. Es preferible apuntar las limitaciones de la investigación a intentar superarlas mediante el engaño. Normalmente, esto se reconoce. Puede suceder, por ejemplo, que se incluya una bibliografía secundaria no consultada y contenía

pruebas en contra de nuestros propios argumentos. Además, debe existir una relación lógica entre la bibliografía citada y la calidad del trabajo presentado.

2.a. Clases de citas.

a. Cita directa o textual, la transcrita tal como aparece en la fuente. Cuando tiene cierta longitud suele transcribirse en un párrafo independiente y se puede cambiar la tipografía, ya sea con una letra más pequeña o cursiva, con lo cual la cita queda claramente identificada y se pueden eliminar las comillas. Los cambios y aclaraciones que el autor realice en la cita transcrita deberán ir entre corchetes. Y las citas directas que van en el texto irán entre comillas, siendo optativo el cambio de tipografía.

b. Paráfrasis. Mención de la idea de algún autor o autoridad sin transcribirla con las palabras de quien la expuso sino con las propias palabras del autor. Aquí, aunque no se copie el texto es necesario señalar la fuente como reconocimiento intelectual.

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3. Sobre las notas y comentarios

La profundidad de un texto no depende del número de notas a pie de página o al final del capítulo que contenga. De ahí que para evitar caer en el escolasticismo, conviene ser parcos en su utilización y limitar las notas y comentarios incidentales al texto cuando sea realmente necesario.

Las notas deben utilizarse sino para ampliar o clarificar un contenido específico del texto, para proponer referencias cruzadas, para rendir tributo de reconocimiento y similares. Pero nunca deben utilizarse para mostrar la erudición del investigador ni para incluir algún aspecto básico de la investigación. Las notas no forman parte de la presentación de la investigación, cuyo texto ha de entenderse con independencia de las notas.

Para facilitar la lectura es preferible que vayan a pie de página (no al final del capítulo o del libro) y numeradas correlativamente. Sólo cuando las notas sean muy numerosas cabe subdividirlas por capítulos, figurando: a pie de página, al final de cada capítulo o todas ellas ordenadas por capítulos al final de la obra y siempre, antes de la bibliografía final.

4. Sobre las definiciones

En ciertas investigaciones es necesario definir diversos términos o especificar el significado en que se han usado vocablos susceptibles de distintas interpretaciones. En el escrito final, dependiendo de la investigación, pueden ir:

a. En el texto, cuando sólo es una aclaración. P. e., poner entre paréntesis el significado de un término en otro idioma.

b. Como nota, a pie de página o al final del documento, si se requiere una precisión especial. P. e., ampliar el modo en que tal o cual autor utiliza un término.

c. Glosario de términos, cuando con probabilidad sean desconocidos a los lectores, como términos locales o técnicos, conceptos filosóficos... Para un par de definiciones este sistema no es recomendable al dificultar la lectura.

5. Sobre la bibliografía final.

La lista bibliográfica que debe aparecer al final del libro puede abordarse desde tres perspectivas distintas:

a. Exhaustivas. Antes de la aparición de Internet este tipo de bibliografías era prácticamente obligatoria ya que daba cuenta real del trabajo de búsqueda realizado por el investigador. Ante la actual proliferación de bases de datos digitales, tienen cada vez menos sentido. En todo caso, si se decide por una bibliografía exhaustiva asegúrese qué realmente sabe de qué van los documentos citados. Sobran ejemplos de bibliografías, incluso doctorales, donde se han incluido, sólo por el nombre, documentos insulsos e incluso no relacionados con la investigación.

b. Sintéticas. Centradas en el tema de estudio. Recomendable en tesis doctorales.

c. Específicas. Las que sólo incluyen las obras citadas o fundamentales para el texto. En este caso, conviene indicarlo en el título del apartado: Bibliografía citada, Bibliografía consultada... Es el sistema recomendable para artículos y textos de divulgación.

a. Sistema de referencia

Cuando se utiliza el sistema autor-año-página (sistema Harvard) la lista bibliográfica debe ser única y no cabe clasificarla o dividirla por materias pues la búsqueda de una ficha habría que repetirla en cada una de las divisiones.

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Algunos autores caen en la tentación de utilizar ambos criterios a la vez: es imposible; debe elegirse uno y el sistema que propugnamos implica el uso de una única lista ordenada alfabéticamente por apellidos de los autores.

Pese a ello, en algunas investigaciones resulta imprescindible realizar algunas divisiones en la bibliografía, siendo la más habitual la que se debe establecer entre fuentes primarias y secundarias. [Ver punto 11]

Salvo excepciones razonadas, la bibliografía no se dividirá por el tipo de soporte de la documentación (libro, artículo, Internet...), incluyendo todas referencias en una única relación bibliográfica.

6. Apéndices.

Por diversas razones, alguna de la documentación manejada en una investigación debe ser incluida en su totalidad o en su parte substancial, para que el lector disponga de los datos necesarios para comprender y evaluar las conclusiones presentadas.

Las características, extensión y modo de presentar estos apéndices dependerán de cada investigación. Pero se puede recomendar lo siguiente:

a. No incluya apéndices, salvo que sea absolutamente necesario para la comprensión de lo tratado en la investigación.

b. El apéndice incluido debe contener una documentación original —por ejemplo, el levantamiento de un edificio, la trascripción de un escrito inédito, una encuesta del propio investigador...— o una documentación difícil de consultar —el legado de un coleccionista particular, un manuscrito de una biblioteca de Mongolia.

7. Índices temáticos Los índices temáticos deben confeccionarse una vez terminado el texto, pues las

referencias suelen hacerse a las páginas en que las palabras aparecen en el texto.

a. En obras muy voluminosas los índices temáticos pueden separarse en onomástico, topográfico y materias. Lo habitual es que en obras extensas se utilicen los dos primeros. Hoy los editores de textos permiten realizar los tres tipos de índices de manera relativamente automática.

b. Cuando las obras no son muy voluminosas loa índices pueden refundiese, distinguiendo tipográficamente los nombres y lugares de los términos de materias.

Desgraciadamente estos índices son cada vez menos frecuentes porque representan un esfuerzo adicional, difícil de elaborar y que retrasa la publicación; aunque los editores podrían o deberían exigirlos a los autores.

Esta labor puede reducirse de manera significativa si se utiliza adecuadamente la capacidad de los nuevos procesadores de textos, que cuentan con diversas herramientas para confeccionar estos índices sin demasiado trabajo.

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