5 oct 2010

1. Historia

TRANSFORMACIONES HISTÓRICAS DEL CONCEPTO Y PRÁCTICA DE INVESTIGACIÓN


Dr. Arq. Roberto Goycoolea Prado

Departamento de Arquitectura, Universidad de Alcalá


INTRODUCCIÓN

"Pero sea cual fuere la concepción del método que se mantenga, hay en todo método algo común: la posibilidad de que sea usado y aplicado por cualquiera". R. Descartes, El discurso del método.

La filosofía moderna, al negar la posibilidad de conocer la esencia de los fenómenos, considera que los criterios de verdad son convencionales. Esta idea, base de la filosofía kantiana, es la idea fundamental de la actual epistemología de la ciencia. Los científicos, en el más amplio sentido del término, no buscan hoy las leyes invariables de la naturaleza que se ocultan a los sentidos (Heráclito) ni la verdad trascendente de las revelaciones divinas (Escolástica). Para ellos el conocimiento es un acto intersubjetivo; es decir una convención o acuerdo respecto a unas definiciones cuyas bases pueden ser contrastadas por cualquier persona.

En los apartados que siguen se presenta de manera resumida el proceso por el cual el pensamiento occidental (en Oriente y África el pensamiento siguió derroteros distintos) llegó a afirmar la intersubjetividad como base del pensamiento científico.


I. PENSAMIENTO MÍTICO

Se caracteriza por una visión mítica o hiperrealista del mundo resumida en la idea de una unidad global e indiferenciada del universo. Esta simpatía total del hombre con la naturaleza tiene su característica principal en la indiferenciación óntica y en la sacralización de los entes universales: dioses, hombres, ciudades, sueños se entienden como seres igualmente reales que participan de la divinidad global del cosmos. El hiperrealista no desarrolla ideas abstractas. A partir de la experiencia concreta, maneja una serie de conceptos, caracterizados por la sacralización y atribución de propiedades humanas a los fenómenos.

Por el modo en que se concibe y desarrolla, esta cosmovisión difícilmente puede ser comprendida ni aplicada fuera del contexto cultural en que fue concebida. Es decir, las ideas que dan forma a esta manera de entender el mundo no sirven para comunicar ideas en un contexto que supere el mundo intelectual del medio en que fueron concebidas. Sin embargo, pese a esta limitación, es importante constatar que dentro de su contexto cultural las nociones hiperrealistas o míticas son extremadamente operativas, en cuanto permiten resolver problemas específicos. Por ejemplo, el que haya que hacer un sacrificio al inicio de la cosecha no afecta a la cosecha en sí pero la regulariza, etc.

El pensamiento mítico se supera cuando los aspectos irracionales del mito son abandonados por la contrastación empírica de los fenómenos explicados. Ello limita los niveles explicativos del mito hasta abarcar sólo lo que no puede ser explicado por la razón. El factor racional sirve así de base para explicaciones más profundas de la naturaleza.

En este contexto la aparición del símbolo abstracto como elemento de escritura y de representación de los números jugó un papel importante en el proceso de desligar el pensamiento de la experiencia concreta.


II. PRESOCRÁTICOS

Como las culturas míticas, los presocráticos mantuvieron la idea de unidad cósmica como base epistemológica, pero esta cambia de orientación al pasar de una cosmovisión hiperrealista a otra natural. Ello produjo la paulatina sustitución de la experiencia concreta como medio para explicar la realidad por especulaciones intelectuales que intentaban comprender de una manera global (aunque en general apriorística) la "verdad profunda" de lo que se esconde tras la constante movilidad del devenir captado por los sentidos (Heráclito).

Los presocráticos (como todos los griegos) dieron por supuesto que la naturaleza existe realmente y que es única, finita y con las leyes estructurales universales, siendo la labor del filósofo encontrarlas y explicarlas. Sin embargo, como los presocrático eran materialistas, buscaron causas materiales, físicas, al mundo y su estructura: el agua, los elementos, etc. De todas las teorías propuesta la más original, permanente e influyente fue la de los pitagóricos, un verdadero alarde de abstracción y poder explicativo.

R. Goycoolea P. INVESTIGACIÓN 1 Historia / 2 - 8

ROBERTO GOYCOOLEA PRADO / SOBRE LA INVESTIGACIÓN

Los pitagóricos consideraron al Ser como una multiplicidad de mónadas matemáticas o números con entidad física, de los cuales surgirían, según el modo de agruparse y organizarse, los diferentes elementos contrarios que dan origen al mundo y al devenir y que existen en un No-ser vacío e indiferenciado. Con ello los pitagóricos realizaron una reducción matemática de la realidad donde los entes físicos se encuentran supeditados a las relaciones y propiedades de los cuerpos geométricos. Noción básica para el desarrollo del pensamiento científico que tiene en las matemáticas el fundamento de contrastación. Esto demostraría, por un lado, cómo desde los albores del pensamiento especulativo, la importancia epistemológica que el pensamiento occidental asigna a las ciencias exactas dentro del conocimiento filosófico y, por otro lado, señala una de las peculiaridades significativas del pensamiento occidental respecto al oriental.1

Pese a ser una teoría altamente explicativa, la cosmovisión pitagórica, como todas las presocráticas, se centraban en dar una explicación física del mundo basada en una lógica absoluta. Tanta fe tenían en la racionalidad lógica, que la llevaron a sus últimas consecuencias. La doctrina más conocida de esta situación es la de Parménides y su escuela de Elea, que siguiendo raciocinios de una lógica impecable llegaron concluyeron que si el Ser era uno e indivisible, éste no podía ser divido ni moverse.

La filosofía se vio enfrentada a un problema del que no saldría hasta la aparición de la doctrina socrática del conocimiento. El problema de fondo que se vislumbraron los atomistas, pero que no resolverían, era que las las leyes ocultas buscadas tras las apariencias debían dar cuenta de la realidad obtenida de las sensaciones.


III. SOCRÁTICOS

En la filosofía de la Grecia clásica destaca el papel asignado a la razón como medio para conseguir el verdadero conocimiento, pero sin rechazar la realidad de las sensaciones (como hizo la Escuela de Elea) e intentando resolver la relación existente entre razón y experiencia. Sobresalió aquí la definición socrática del pensamiento inductivo y la definición del concepto universal, o sea, de los elementos conceptuales abstractos que forman la base del conocimiento en el pensamiento griego.

El desarrollo de esta doctrina condujo a dos planteamientos diferentes y fundamentales para la filosofía occidental: la Teoría de las Ideas platónica y la clara separación aristotélica entre objeto sensible y objeto cognoscible. Ambos coinciden, eso sí, en considerar al hombre como base de sus respectivas doctrinas.

1 Beltran Russel recalcó en diversas ocasiones la originalidad presocrática. Para él, sus brillantes teorías sobre la constitución de la materia y el origen del universo fueron formuladas con una combinación de observaciones y razonamientos, de tal forma que nos interesan más por la validez de su método que por el hecho de que sus concepciones anticipen las conclusiones modernas.


Los sofistas también habían centraron el conocimiento en el sujeto, pero al identificar el mundo real con el mental llegaron a un estado en que tanto era posible admitir que todo es verdadero o todo falso.

Las claves para solucionar este nihilismo filosófico las dio Sócrates. A partir de él Platón y Aristóteles plantearían las dos epistemologías fundamentales del pensamiento occidental. Una ligada al conocimiento abstracto y al pensamiento geométrico. Otra ligada al pensamiento y al análisis empírico.


IV. HELENISMO

Convencionalmente el helenismo comienza con la muerte de Alejando Magno (350 a.C.) y finaliza a mediados del siglo I, aunque su influencia continúa por muchos años en el Imperio Romano. Desde una perspectiva filosófica los cambios sociales que se producen tras la muerte de Alejandro y la aparición de Roma como potencia imperial, obligó a replantear las nociones filosóficas griegas desde una óptica acorde a unos nuevos tiempos. La reflexión principal se centra en definir la posición del hombre en este nuevo contexto cultural.

Esta orientación ética del pensamiento, haría decaer el interés por el estudio de la naturaleza, exceptuando quizás las investigaciones de Filón de Bizancio y Herón de Alejandría, que reclamaron una física basada en la experiencia. Consideraron que la experiencia empírica no sólo debe servir de base al conocimiento, sino también de contrastación de los conceptos mentales. En definitiva plantean la contrastación empírica de las hipótesis racionales como fundamento del conocimiento. Estableciendo así una distinción entre los conceptos positivos (verificables en la realidad) y los metafísicos (incontrastables empíricamente).


V. NEOPLATONISMO, GNÓSTICOS Y PATRÍSTICA

El pensamiento de este período se caracteriza por el paso de una cosmovisión ligada a la tradición griega a otra dominada por la religiosa, que transformaría radicalmente el modo en que el hombre se enfrenta al mundo. El origen de este cambio fue paralelo a la aparición de la filosofía helenística en el siglo I (génesis del movimiento neoplatónico y del resurgido pitagorismo) y abarca hasta la decadencia de la Patrística y desarrollo de la Escolástica, cuando el pensamiento cae bajo el ala de la Iglesia.

Debido a la teologización del pensamiento se considera a la divinidad como fuente del verdadero conocimiento, que se entrega a los hombres por medio de revelaciones. El carácter absoluto las verdades reveladas las transformaba en indiscutibles y en norma de contrastación a todo análisis teológico o filosófico.

Se produce así un cambio en el papel de la investigación positiva dentro del sistema del conocimiento especulativo griego tradicional, orientándolo para que contribuya al mejor conocimiento de la verdad revelada. Lo cual demostraría que no existe, como en los griegos, una definición clara de los ámbitos que operan las diferentes parcelas del conocimiento; pues al mezclar conceptos teológicos y filosóficos, metafísica y teología no se distinguen de la física o de la investigación positiva.

Esto no significa que se desconociesen los diferentes dominios del pensamiento (por ejemplo se distingue entre la percepción de un hecho y su realidad), sino que se obvian en la práctica intelectual debido a la supeditación de la filosofía a la teología.


VI. EDAD MEDIA

Profundizando en la orientación intelectual del periodo anterior, la filosofía escolástica cristiana medieval, así como la musulmana y judía, coinciden en que el fin de toda investigación es explicar la verdad revelada de sus respectivas doctrinas teológicas.

Esto determinaría, además de la orientación del pensamiento, la forma y el método de la actividad intelectual. En la práctica arquitectónica la formalización del pensamiento llevo a la sublimación de sus aspectos teóricos. Boecio comparó al artista con un esclavo y a la ciencia que debe guiar ese trabajo con un gobernante. Lo que interesa no es el conocimiento técnico sino las leyes en la que éste debía conformarse.

El pensamiento medieval está así condicionado por dos epistemologías consideradas hoy irreconciliables. La de la ciencia (filosofía) y la de la Fe (verdad revelada). Las diferencias entre ambas serían las del siguiente cuadro:

Campo de la Ciencia / Filosofía

Campo de la Fe / Escolástica

Procede por demostraciones racionales. Acata la autoridad de la evidencia

Su objeto formal quo, o la ratio sub qua, es la luz de la razón.

La certeza científica se apoya sobre la evidencia intrínseca de la verdad.

Procede por la evidencia de la autoridad. Se apoya en la fe. Aceptación de la palabra revelada de Dios.

Su objeto formal quo, o su ratio sub qua, es la fe en la revelación de Dios, explícita o implícita. La fe es una virtud sobrenatural infusa.

La certeza de la fe se apoya en la evidencia intrínseca del hecho de la revelación divina y en la moción interna de la gracia que determina el asentamiento.

Esta práctica filosófica llevaría a que naturalmente se establecieran nociones “interpretativas” del mundo impregnadas de tres características:

Metafísicas. La aceptación de un mundo espiritual superior al sensible por la teología implica superar el ámbito físico de los objetos sensibles para centrarse en los entes espirituales; por ejemplo esto se refleja en los dominios espaciales diferenciados jerarquizados propios del mundo espiritual y el sensible.

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ROBERTO GOYCOOLEA PRADO / SOBRE LA INVESTIGACIÓN

Simbólicas. La finalidad de la investigación es descubrir el orden divino preestablecido, por ello todo concepto refleja una parte o la totalidad de la obra del hacedor.

Escolásticas o literarias. Como la filosofía no se intenta descubrir nuevas interpretaciones del mundo (la verdad es la de las escrituras), las hipóstasis avaladas por la tradición científica se "adecuan" las verdades religiosas aceptadas.

Este modo de pensar propio del medioevo presenta algunas diferencias significativas derivadas del trasfondo filosófico con que se impregnan las doctrinas teológicas. Por esto, el aspecto más común en el pensamiento de la época es la supeditación del método de investigación empleado para que las verdades de la filosofía concuerden con las de la religión. La finalidad de la investigación es la demostración de la verdad revelada y no la búsqueda de la verdad en sí. Por esto los Comentarios (o sea, intentos de aclaraciones lingüísticas y filosóficas de los términos) son el método más frecuente para reflexionar. Se da así una cultura de textos que refieren a otros textos, más que a hechos extra–textuales, como sería un experimento.

Esta metodología realza el papel de la interpretación (sobre todo en sentido simbólico) como modo para descubrir las verdades últimas. Interpretando adecuadamente la Naturaleza se descubren las leyes divinas que la rigen. En cambio, la filosofía actual considera que el modo de interpretar un fenómeno determina las leyes que se le asignan.

Crisis del pensamiento escolástico

La crisis de la metodología escolástica se produce con la gradual irrupción del empirismo, que no acepta que las verdades reveladas no concuerden con las demostraciones empíricas. Toda hipótesis debe ser contrastada en la experiencia empírica si pretende ser objetiva. Esto significa que no existiría un conocimiento universal y necesario, como es el pensamiento religioso. Sólo existirían los particulares que pueden ser conocidos a través de los sentidos. Los efectos de esta inmensa transformación serían enormes, baste señalar como ejemplo le cambio que significa considerar el movimiento como algo absoluto dependiente de la voluntad divina a entender el movimiento como un fenómeno relativo a la observación de los desplazamientos locales de un cuerpo respecto a una referencia fija.

Ligado con lo anterior, aparecería explícito el importante principio metodológico de La economía y sencillez de las hipótesis como base del conocimiento de Ockam, su famosa navaja. Esto sería un paso fundamental del proceso que llevaría a la homogeneidad de leyes de la materia y el espacio, y a la eliminación de las teorías metafísicas de la ciencia.

Como último aspecto metodológico significativo, señalar el redescubrimiento de las tesis pitagóricas y neoplatónicas del siglo XIV, que enfatizaban en el aspecto matemático de la realidad observable. Todo aquello que no sea matemáticamente expresable entraría en el dominio de la teología o la metafísica; no de la filosofía. Esta sería una de las bases de la Nueva ciencia renacentista.


VII. FILOSOFÍA MODERNA

En la Filosofía Moderna es posible distinguir tres etapas, que si bien están íntimamente rela- cionadas y las divisiones resultan algo forzadas. En cada una aparecen ciertos conceptos significativos que marcan un punto de inflexión epistemológico:

De última Escolástica a Descartes.

La primera etapa se caracteriza por definir los principios epistemológicos de la llamada Nueva Ciencia (expuesta con claridad por F. Bacon y reflejada en la cosmología de Copérnico y su interpretación filosófica por G. Bruno). En ella las matemáticas se transforman en el órgano indispensable para la verificación de las hipótesis científicas, pero a la vez se acentúa la necesidad de la contrastación empírica de los datos cuantificables a través del experimento. Respecto al estudio del espacio no se elaboran nociones originales sino más bien la consolidación del concepto de un espacio sin determinaciones de la última escolástica, sobre todo la aceptación de las hipótesis de su último gran filósofo: Nicolás de Cusa. La mayoría de los conceptos se orientan, en definitiva, a la superación de las teorías de espacio peripatéticas iniciada en los dos siglos anteriores y cuya propuesta más significativa sería la definición del espacio como un ente absoluto e infinito.

Los resultados de la Nueva Ciencia supusieron la destrucción del arraigado sistema sustancia- accidente peripatético y del principio de predeterminación divina del cristianismo, pero presentaron el problema de no dar cuenta adecuadamente de los principios en los que se basaría el conocimiento.

De Descartes a Newton.

Esta fue la tarea que se impone Descarte, según Hegel el primer filósofo moderno. Con él, el idealismo entra en la filosofía. En adelante se partirá de la idea del yo como una substancia que percibe y comprende el mundo extramental. La realidad existe en cuanto se la piensa. El idealismo cartesiano iniciaría así las que serían las principales vertientes de las definiciones modernas de espacio y que surgen de la relación que establecen entre el mundo de la mente y el mundo observado por los sentidos:

Racionalismo, la construcción del saber se realizaría sobre la base de principios que están más allá de la experiencia; en general postularían una concepción matemática de un espacio absoluto subsistente (Gassendi, Malebranche, Spinoza).

Empirismo, irrenunciable vocación, por una parte, hacía los fenómenos y, por otra, hacía la necesidad de sumir la factibilidad de una ciencia en creciente despliegue; en general verían el espacio como un ente mental con fundamento en la realidad y se preocuparían por el modo cómo se conoce el espacio (Locke y el empirismo inglés).

Ambas líneas confluyen en Newton cuando relaciona los conceptos de espacio absoluto (matemático) y espacio relativo (subjetivo). El éxito de la mecánica newtoniana en la descripción de los fenómenos físicos contribuyó a que su noción de espacio cumpliese un

papel fundamental en el desarrollo futuro del concepto. Sin embargo, y pese a ser una noción ampliamente acepta, fue contestada seriamente en su época; destacando en esta crítica: La teoría relacional del espacio de Leibniz, y el subjetivismo espacial, cuyas bases serían diseñadas por Berkeley y Hume.

Intentar solucionar la problemática planteada por estas nociones a la teoría newtoniana del espacio absoluto fue el intento del subjetivismo trascendental de Manuel Kant (1724-1804).

De Newton a Kant y a la problemática contemporánea.

Con Kant la filosofía moderna da un giro radical: muestra de la manera más perentoria que las cosa en sí misma, externa e independiente del conocimiento humano, no puede ser conocida. Muestra que la oposición entre certidumbre (pensamiento) y verdad (realidad exterior) es definitiva. No en el sentido que la filosofía kantiana renuncie a ser episteme, sino en el sentido que justamente por ser la forma más rigurosa de episteme, debe excluir la cognoscibilidad de la verdad, o sea la cognoscibilidad de las cosas como son en ellas mismas. La base de su demostración se fundamente en tres nociones:

La distinción entre noumeno y fenómeno y las consecuentes antinomias del pensamiento. La consideración del espacio y del tiempo como categorías del entendimiento. La contrastación intersubjetiva racional (metodológica) de las ideas surgidas de la

experiencia fenoménica como base epistemológica.

De uno u otro modo, la doctrina kantiana ha definido las epistemologías posteriores, inclu- yendo las actuales, por más que a partir de ciertas consideraciones puntuales pareciera que estamos hablando de cosas distintas. En síntesis, todas las doctrinas actuales son fenome- nológicas, lo que determina las características metodológicas y de valoración del pensa- miento contemporáneo: cómo conjugar las distintas interpretaciones del mundo que cada individuo obtiene a partir de sus experiencias particulares.

Arthur Schopenhauer comienza su libro más influyente con una sentencia de base kantia- na provocadora por su rotundidad: “El mundo es mi representación: ésta es una verdad apli- cable a todo ser que vive y conoce, aunque sólo el hombre puede llegar a su conocimiento abstracto y reflexivo; cuando a él llega, ha adquirido al mismo tiempo el criterio reflexivo”. (El mundo como voluntad y representación [1819], Lib. I §1.) El mundo está compuesto de obje- tos y fenómenos pero estos están ineludiblemente sometidos a tener por condición al sujeto que se los representa. El proceso por el cual el cual el sujeto se representa el mundo es complejo pero puede resumirse que es un a interpretación mental derivada de las sensacio- nes y la experiencia y de la capacidad de cada sujeto para relacionar ambas entidades.



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